lunes, 25 de abril de 2022

EL 1º DE MAYO SIEMPRE HACE PENSAR.

 

Saldrá publicado este comentario a varios días de la celebración del Día Internacional de los Trabajadores, en este 1º de Mayo del 2022. Han pasado 136 años desde aquel sábado de 1886 en que 200 000 trabajadores en Chicago fueron a la huelga en reclamo de la jornada de 8 horas; y siempre cada celebración de este día hace pensar.

Ya no era esa huelga, como en la historia precedente, una batalla por la soberanía de un estado-nación. Esta era una batalla por la justicia social.

En Cuba, muchos años después estamos dando la misma batalla. Pero la damos desde una Revolución en el poder, y se lucha por no perder la justicia social conquistada, y por conquistar más.

El riesgo de perderla viene de las dificultades económicas, y viene también de las posibles soluciones equivocadas a esas mismas dificultades.

Los trabajadores, los de 1886 y los de ahora, siempre han sabido (hemos sabido) que las verdaderas soluciones a los problemas económicos y sociales, son soluciones colectivas. Todos los que desfilaremos por las plazas este 1º de Mayo sabemos eso. Lo podremos explicar mejor o peor, según las capacidades expresivas de cada cual, pero todos lo sabemos. El camino de las soluciones individualistas (al que preocupantemente muchos miran) es el camino de la no-solución, de la expansión y perpetuación de las desigualdades sociales.

Por eso, sean cuales sean las soluciones que creativamente diseñemos, no podemos renunciar al objetivo de tener una economía con capacidad para redistribuir permanentemente la riqueza, e impedir la expansión de desigualdades. Y eso se llama Socialismo.

Por eso también, sea cual sea el paisaje de diversidad de actores económicos que (correctamente o casi) construyamos, y en el que caben muchos y diversos, el combatiente principal de la batalla tiene que ser la Empresa Estatal Socialista (incluida la Pequeña y Mediana Empresa Estatal).

No podemos analizar este tema con la superficialidad reduccionista de la tecnocracia económica, porque el problema tiene profundas raíces culturales. Enfrentamos un desafío económico, pero también, y diría que principalmente, un desafío cultural.

El régimen fiscal de impuestos, el régimen de propiedad, la política salarial y el sistema de protección social que una sociedad construye reflejan la parte del fruto del trabajo que los hombres están dispuestos a compartir con otros hombres. Compartir más allá de su retribución individual, más allá de su familia, más allá incluso de su pequeño colectivo laboral. Y esa voluntad de repartición es una construcción cultural.

Hay factores culturales y de valores que determinan que funcionen o no las estrategias económicas. Ellos determinarán si, en el proceso de transformaciones de la economía para adecuarla a las nuevas realidades tecnológicas, saldrán vencedoras la descentralización eficiente y la iniciativa emprendedora, o vencerán el egoísmo y la corrupción.

Igualmente importante entre los determinantes culturales de las estrategias económicas es la capacidad de todos para comprender las consecuencias distales de cada decisión del  momento. Esa visión distal en cada uno de nosotros determina también las actitudes que tomamos ante los problemas y las opciones de hoy. Hay que saber posicionarse, ante cada opción, no solamente en función de sus consecuencias para el día de hoy, sino también de sus efectos para la sociedad en plazos más distantes, y de los riesgos de irreversibilidades, si nuestra cultura nos permite verlos. Quien no logre verlos, lamentablemente quedará como rehén de los vientos de ideas de cada momento. Conocemos de otras sociedades que han cometido ese error colectivo, y conocemos también lo que pasó después.

Al preguntarnos si los valores de la cultura cubana conducen o no a querer una sociedad equitativa y solidaria, nos respondemos, basados en nuestra historia, enfáticamente que SI, que es eso lo que quiere el pueblo cubano.

A esa sociedad equitativa y solidaria no podemos pretender llegar solamente con una buena política de impuestos, la cual es imprescindible, pero no suficiente. Los recursos derivados de los impuestos sobre las ganancias nunca han sido suficientes. Intentar sostener la justicia social solamente con los impuestos nos llevaría a una contradicción insalvable: para colectar más impuestos podríamos necesitar de un sector de la población que tenga mucha ganancia, mucha más que otros, lo cual es lo contrario de lo que se quiere. Mantener en manos de la propiedad socialista de todo el pueblo las palancas de la economía y los canales de la redistribución es la única garantía posible de la justicia social.

Este razonamiento vale para cualquier sector de la economía, pero especialmente vale para la economía de mayor contenido tecnológico, basada en la gestión del conocimiento, porque ese conocimiento surgió de la inversión social en educación y ciencia, que proviene a su vez de la riqueza colectiva de todos los cubanos.

Eso (y más) es lo que vamos a decir los científicos y tecnólogos al participar en las marchas del 1º de mayo, como parte de la clase trabajadora que somos.

Conciliar los objetivos de eficiencia económica con los de justicia distributiva es la tarea estratégica principal. Ello incluye la justicia distributiva entre los trabajadores del sector no estatal y el estatal; y también la justicia distributiva entre los trabajadores de diferentes empresas y sectores dentro de la propiedad estatal. La expansión de desigualdades más allá de determinado umbral (culturalmente determinado) no genera más motivación al trabajo, sino menos. Las desigualdades sociales, todas ellas, engendran distorsiones de la conducta y fragmentación de la conciencia social.

De que conduzcamos bien este delicado balance entre equidad y estimulación económica, depende la motivación alcanzable para la iniciativa emprendedora y para el trabajo. Iniciativa emprendedora que, en las nuevas realidades tecnológicas mundiales, tiene que ser una iniciativa distribuida en toda la economía, y en todas las formas de propiedad. La fórmula socialista “a cada cual según su trabajo”, infinitamente más justa que la del capitalismo, contiene sin embargo su cuota de injusticia, porque los hombres no están todos en igual posibilidad de ser productivos en cada momento concreto.

En Cuba la distribución a los ciudadanos de los beneficios de la educación y la salud (entre otros) no sigue una fórmula socialista. Va más allá de eso y sigue una fórmula comunista: “a cada cual según sus necesidades”. Y nuestra cultura, muy mayoritariamente, abraza ese ideal.

Los retos de la construcción del Socialismo siempre han estado en las relaciones entre la economía, la ciencia y la cultura.

Conocemos, sin ingenuidades, las enormes complejidades de la tarea, pero estamos convencidos de que lo podemos lograr, porque confiamos en los valores del ser humano. También sabemos, igualmente sin ingenuidades, que hay muchos que no confían en esos valores, o peor aún, que dejaron de confiar, doblándose ante el peso de las dificultades materiales o atraídos por las soluciones individuales, aquí o afuera. Allá ellos con sus amarguras intelectuales.

Nosotros los trabajadores, los de la producción y los de la ciencia, vamos a seguir luchando por los objetivos simultáneos e interdependientes de justicia social, soberanía nacional, socialismo y prosperidad. José de la Luz y Caballero definió la justicia como “el sol del mundo moral”. Y no vamos a pelear a la sombra.

Agustín Lage Dávila

Centro de Inmunología Molecular

lunes, 18 de abril de 2022

CAPITALISMO Y SUBDESARROLLO: EL OBJETIVO ES SUPERAR AMBOS.

 El artículo de la semana pasada, “Los Objetivos y los Procedimientos” atrajo muchos comentarios, que no es físicamente posible sintetizar ni polemizar en un par de páginas. La mayoría de los comentarios fueron muy buenos, y con ideas interesantes; pero también hubo algunos preocupantes, especialmente los que se acercan a un cuestionamiento, no de los procedimientos concretos (que siempre pueden contener errores), sino de los objetivos de soberanía, justicia social y prosperidad. Hubo hasta quien casi gritó: “privatizarlo todo”.

 Esos hay que responderlos y la respuesta está en que los objetivos están vinculados entre sí y vinculados a su vez a la aspiración de Socialismo. No se alcanzarán unos sin los otros. Queremos superar el subdesarrollo, pero para ello hay que dejar atrás el capitalismo.

Hay hechos históricos del ayer que es imprescindible comprender para tomar posiciones lúcidas y firmes en las polémicas de hoy. La lógica de la acumulación capitalista es un formidable dispositivo de creación de desigualdades. La propiedad privada sobre los medios de producción le da al propietario del capital ventajas para la generación de ganancias, las cuales se emplean en adquirir nuevos bienes de capital, que a su vez amplifican las ventajas iniciales. Surge así un lazo de retroalimentación positiva que construye bifurcaciones, que separan a los que tienen y a los que no tienen, las cuales en algún momento se hacen irreversibles. Marx lo estudió al interior de los países industrializados y lo describió como la ley de la concentración del capital. Fidel y Che Guevara lo estudiaron en las relaciones entre países desarrollados y subdesarrollados.

Las guerras coloniales llevaron el proceso de ampliación de desigualdades a escala internacional. Las economías de los países colonizados fueron puestas en función de la acumulación capitalista en las metrópolis. Los países colonizados fueron víctimas del proceso internacional de concentración del capital, y convertidos en suministradores de materia prima para la industria europea, materia prima obtenida con mano de obra esclava primero y con obreros mal pagados después.

El más formidable motor de acumulación de capital en Europa fue la  esclavitud americana, impuesta y mantenida a partir de la dominación militar.

El rentismo privado exportador de los países periféricos pobres fue una condición necesaria para la dinámica de acumulación en los países centrales ricos.

Un pasaje emblemático de la imposición del libre comercio a favor de los intereses de los países capitalistas desarrollados fue la Guerra del Opio en 1839, en la que Gran Bretaña, por la fuerza de las armas, impuso a China el libre comercio y la apertura de sus puertos, como reacción al intento del gobierno chino de prohibir el comercio del opio, que introducía la compañía británica de Indias Orientales. Unos años después entraron en el conflicto Francia, Estados Unidos y Rusia, forzando a China a tratados, conocidos por la Historia como los “Tratados Desiguales” que abrieron 11 puertos al exterior, y crearon para China enormes desequilibrios comerciales.

India y China aportaban todavía en 1800 el 53% de la producción manufacturera global, pero ya en 1900 habían descendido al 5%.

La gran bifurcación del mundo entre países ricos y países pobres se inició con la primera revolución industrial en el siglo XVIII y se reforzó con las guerras de conquista coloniales. Las políticas proteccionistas primero y la imposición del libre comercio una vez adquiridas las ventajas industriales (nunca antes), la hicieron irreversible.

Una vez que se monta el esquema de mono-producto a exportar (oro, plata, azúcar, caucho, café, algodón, etc) ya no se logra salir de esta “jaula del subdesarrollo”. Europa y Norteamérica, que inicialmente desarrollaron sus industrias nacionales con fuertes políticas proteccionistas, impusieron después el libre comercio a los países del sur cuyas manufacturas no podían competir con las industrias maduras del norte.

Eduardo Galeano comienza su libro imprescindible “Las venas abiertas de América Latina” con esta afirmación: “La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder”.

La economía colonial se estructuró en función de las necesidades del mercado europeo y la población indígena sometida se convirtió en un inmenso proletariado externo para la economía de las metrópolis. La función de beneficiario principal del sistema fue asumida paulatinamente por los Estados Unidos. En 1916, cuando Lenin escribió su libro sobre el Imperialismo, el capital norteamericano abarcaba menos del 20% de las inversiones extranjeras privadas directas en América Latina y el Caribe. En 1970 ese porcentaje era ya el 75%. Y no es esta una historia limitada a los siglos precedentes: Todavía hoy los políticos de Estados Unidos invocan la Doctrina Monroe (“América para los americanos”) como el fundamento de su política exterior.

Las instituciones del capitalismo dependiente estuvieron orientadas a la extracción de valor, no a creación de valor económico. Las clases dominantes de la sociedad colonial latinoamericana y luego de las economías capitalistas subdesarrolladas, no se orientaron jamás al desarrollo económico interno, sino al lujo, el despilfarro y la dependencia.

Veamos como ejemplo de esa incapacidad de las clases dominantes del capitalismo dependiente, el caso de Cuba en 1920, cuando los precios del azúcar colocaron al país en un alto nivel de exportaciones, superior en ese momento al de Inglaterra, pero esos ingresos no se utilizaron en función del desarrollo industrial del país, sino que escaparon al extranjero y/o financiaron el consumo suntuario de las élites.

El mercado interno, limitado por la pobreza de las mayorías, no funcionó como atractor de desarrollo industrial, y eso no fue producto de ninguna ley de la economía, sino de una opción política.

La desnacionalización de las economías latinoamericanas se reforzó en la segunda mitad del siglo XX con las doctrinas económicas neoliberales impuestas por las dictaduras militares. El primer “experimento” lo hicieron los asesores económicos norteamericanos en Chile, bajo la dictadura de Pinochet. Luego siguieron otros. La misma  y escasa ayuda oficial al desarrollo que reciben los países de América Latina se utiliza mayoritariamente para financiar compras en los Estados Unidos, convirtiéndose así en un subsidio a los exportadores norteamericanos. La dependencia se reforzó con la desnacionalización del sistema bancario.

La experiencia histórica indica con claridad que la inserción en la economía global no siempre es fuente de desarrollo, sino que puede ser el camino de la profundización del subdesarrollo, especialmente si la inserción no conlleva capacidades de creación de conocimiento.  Ello depende del tipo de inserción en la economía mundial que se construya. Y los rasgos que definen el tipo de inserción en la economía mundial se dibujan día a día, incluyendo el día de hoy mismo, en cada decisión de inversión, en cada contrato comercial, en cada préstamo, en cada asociación económica internacional.

En la economía global del siglo XXI, las ventajas naturales (minerales, tierra, posición geográfica, atractivos turísticos, etc) existen y hay que usarlas, pero pierden progresivamente importancia ante las “ventajas construidas” (cohesión social, estabilidad política, seguridad ciudadana, educación, salud, capacidades científicas, cultura). La construcción de esas ventajas, es una función insustituible del Estado Socialista.

Razonemos entonces con profundidad sobre las raíces de nuestras dificultades actuales, y con mucha lucidez sobre lo que hay que hacer ahora; pero al mismo tiempo, defendamos con firmeza lo que tenemos y principalmente la opción soberana de superar al mismo tiempo el capitalismo y el subdesarrollo.

Así lo sentenció José Martí en 1890: La Razón, si quiere guiar, tiene que entrar en la caballería”.

Agustín Lage Dávila

Centro de Inmunología 

lunes, 11 de abril de 2022

LOS OBJETIVOS Y LOS PROCEDIMIENTOS: ¿SOBRE QUÉ DISCUTIMOS?

 Se discute mucho hoy en Cuba, especialmente sobre temas de la economía. Que si tal dificultad es coyuntural y transitoria, o refleja problemas estructurales del modelo económico; que si los cambios que hacemos son conservadores y lentos, o son temerarios y riesgosos; que si le estamos dando al sector no-estatal demasiadas prerrogativas o demasiado pocas; que si la inserción internacional de la economía es un riesgo o una oportunidad; que si debemos darle más atribuciones a la inversión extranjera, o más control; que si las empresas estatales deben ser más protegidas o menos; que si las desigualdades de ingreso son dinamizadoras y justas o son corrosivas de la unidad nacional; y un larguísimo etcétera de temas y disyuntivas.

Y necesitamos que existan esas polémicas, porque las estrategias para que un país pequeño supere el subdesarrollo estando bajo la presión de un bloqueo económico de décadas impuesto y mantenido por la mayor potencia industrial y militar del mundo, y las estrategias para que ese país se conecte, a partir de la justicia social, con una economía mundial que no está guiada por la justicia social, son algo que no está escrito en ningún libro, ni tiene recetarios validados.

 El camino tendremos que encontrarlo nosotros mismos, y para eso necesitamos las polémicas, PERO, y este es un “pero” muy importante, siempre que sean polémicas sobre los procedimientos y no sobre los objetivos. Sobre los objetivos necesitamos unidad, y sobre los procedimientos necesitamos diversidad. Ese es el desafío intelectual y moral del momento.

Para orientarnos ante ese desafío, hay que recurrir a la Historia. La Historia es la que nos dice cómo es que somos los cubanos, y eso es el punto de partida de cualquier construcción de una visión de porvenir.

Ya hemos transitado los cubanos por coyunturas similares, que nos obligan a saber distinguir entre objetivos y procedimientos.

A situaciones análogas se enfrentó José Martí. Así lo escribió en un artículo del periódico “Patria” en abril 1892 (hace exactamente 130 años) cuando la preparación de la guerra necesaria obligaba a tomar posiciones en las polémicas que inevitablemente generaba el análisis de las frustraciones de la guerra anterior: La unidad de pensamiento, que de ningún modo quiere decir la servidumbre de la opinión, es sin duda condición indispensable del éxito de todo programa político..” Y añadía en el mismo artículo: El deseo de independencia sobró siempre en nosotros, y el corazón para conquistarla: falta sólo la confianza en los medios nuevos que se habrán de emplear, puesto que del empleo de los antiguos nacieron miedos y peligros graves…”

Martí también transitó en su tiempo por ese contraste entre la necesidad de unidad de pensamiento sobre los objetivos y la necesidad de medios nuevos para alcanzarlos. La Historia tiene constantes que son de larga duración. Quien no las entienda, deja su pensamiento a merced de los vientos de ideas variables que soplan cada momento.

También ahora necesitamos unidad de pensamiento en los objetivos conquistar. Los objetivos son los que se definen en el Artículo 1 de la Constitución que los enuncia así:

Cuba es un Estado socialista de derecho y justicia social, democrático, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos como república unitaria e indivisible, fundada en el trabajo, la dignidad, el humanismo y la ética de sus ciudadanos para el disfrute de la libertad, la equidad, la igualdad, la solidaridad, el bienestar y la prosperidad individual y colectiva”.

 Al mismo tiempo también necesitamos medios nuevos para conquistar esos mismos objetivos, y aún falta la confianza en esos medios nuevos, y persiste el temor a los medios antiguos, que funcionaron en su momento, pero que ya no pertenecen al siglo XXI. Por eso decía Fidel, inaugurando el siglo que “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado”.

El núcleo caliente de las discusiones actuales está en las políticas económicas. Desde los primeros planes de desarrollo económico implementados por la Revolución han transcurrido más de 60 años y el mundo ahora no es el mismo. La globalización de la economía mundial es neoliberal y depredadora: no es la que queríamos y durante un tiempo tuvimos en la integración económica con los países socialistas de Europa. El incremento mundial de las escalas de la producción material y los flujos de transporte e información, limitan el poder atractor de la demanda doméstica, e imponen una producción cada vez más conectada con las exportaciones y las cadenas globales de valor. Los cambios tecnológicos recientes, y en especial la informatización de la producción y las tecnologías de la cuarta revolución industrial demandan procesos diversificados, cambiantes y distribuidos en la producción, que ya no se pueden manejar con un pequeño grupo de empresas grandes y estandarizadas. Los cambios tecnológicos cada vez más concentran el valor agregado en productos y servicios de alta tecnología, en detrimento del valor que capturan los productos primarios (como el azúcar) y la exportación directa de recursos naturales.

En ese nuevo contexto económico y tecnológico pierden funcionalidad (siempre con excepciones, pero escasas excepciones) la planificación material centralizada, la estandarización de los procesos de dirección, las mega-empresas, la capacidad de inversión basada en dos o tres productos líderes, la superposición de funciones estatales y empresariales,  y otros procedimientos de este corte que fueron las palancas principales de conducción del desarrollo en el siglo XX, en Cuba y en muchos otros países.

Sabemos que todo eso tiene que cambiar, pero al mismo tiempo la voluntad de soberanía nacional y de justicia distributiva, hay que mantenerlas y defenderlas; aunque por medios nuevos.

Y no hay nada “raro” en que los procedimientos de gestión de la economía tengan que cambiar. Las relaciones entre los hombres para la producción son dependientes del nivel de desarrollo de las fuerzas productivas. Lo descubrió Marx hace más de 150 años.

Las polémicas sobre los medios a emplear en Cuba, bienvenidas sean, siempre que estén motivadas por encontrar la manera mejor de alcanzar los objetivos de soberanía, justicia social y prosperidad.

Lo que no vamos a permitir (y hay fuerzas, y mucho dinero intentándolo) es que traten, a través de esas polémicas necesarias, de llevarnos  al cuestionamiento de los objetivos mismos. Sería un acto de ingenuidad irresponsable.

Quienes polemizan, con razón o sin ella, sobre si las decisiones concretas de hoy son eficaces o no, son compañeros con los que podemos discrepar, a veces de manera aguda, pero son esencialmente compañeros que están del lado del proyecto histórico cubano.

Quienes lleven sus polémicas al cuestionamiento de los objetivos mismos de soberanía, justicia social y prosperidad, esos ya dejaron de estar en la trinchera de la Patria.

El Pueblo tendrá la sabiduría necesaria para identificar quién es quien.

Agustín Lage Dávila

Centro de Inmunología Molecular

 

lunes, 4 de abril de 2022

¿ QUÉ SUCEDIÓ EL 4 DE ABRIL?

 

Coincide este comentario con la celebración del Aniversario 60 de la UNION DE JOVENES COMUNISTAS.

Los jóvenes de hoy no habían nacido aun pero asumen esa fecha como suya. Y lo es. Porque el ser humano es un ser histórico, que atesora el pensamiento y la experiencia de sus antecesores.

La Unión de Jóvenes Comunistas, que todos conocemos como UJC, nació el 4 de abril de 1962. Su antecedente directo fue la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR) cuya creación había ocurrido muy tempranamente, desde agosto de 1959, y había sido anunciada por Che Guevara el 28 de enero de 1960. La AJR la presidía el Comandante más joven del Ejército Rebelde, Joel Iglesias, de 17 años de edad.

En abril de 1962 se celebró el Congreso de la AJR y en él se acordó que la organización se llamaría en lo adelante UNION DE JOVENES COMUNISTAS. Fidel Castro pronunció el discurso de clausura. Él mismo tenía en ese momento 35 años de edad.

Era la revolución de los jóvenes. Cuando nació la Unión de Jóvenes Comunistas, el Partido Comunista de Cuba todavía no existía. Se fundó 3 años después, en 1965. Su precedente, el primer Partido Comunista de Cuba, había fundado por Julio Antonio Mella en 1925, cuando tenía 22 años de edad.

En el discurso del 4 de abril de 1962 Fidel le dijo a los delegados ideas como estas:

“La Revolución que estamos haciendo nosotros no es la Revolución que nosotros queremos; la Revolución que nosotros queremos es la Revolución que van a hacer ustedes”.

“Necesitamos que la juventud cubana tenga una gran fe en sí misma y que la juventud cubana tenga una gran conciencia de su extraordinaria responsabilidad”

“Nuestra sociedad será una sociedad sin explotadores ni explotados, sin privilegiados ni discriminados”

“Viviremos en una sociedad sin egoísmos; viviremos en una sociedad sin odios; en una sociedad donde todos estarán trabajando para cada uno y donde cada uno estará trabajando para todos.  Ese mundo será mucho mejor.”

La juventud cubana de aquellos momentos, y las generaciones que vinieron después, tuvieron la fe en sí mismas y la conciencia de responsabilidad que reclamaba Fidel. Antes de ese 4 de abril la juventud ya había protagonizado la Campaña de Alfabetización y la Victoria de Playa Girón. Después de ese 4 de abril fue protagonista del desarrollo de la educación y la salud, la Columna Juvenil del Centenario, las zafras grandes que eran nuestra opción de recursos para el desarrollo, las misiones internacionalistas, el fortalecimiento de las capacidades de defensa, la electrificación del país, la universalización de la enseñanza universitaria, y una inmensa lista de tareas importantes, difíciles y masivas, hasta la más reciente que fue el control de la epidemia de COVID 19.

Pero, como dice el lema revolucionario africano, que hicieron suyo miles de jóvenes cubanos combatientes internacionalistas, “A luta continua”.

Y en este 4 de abril de hoy 2022, seguimos necesitando que la juventud cubana tenga una gran fe en sí misma y que la juventud cubana tenga una gran conciencia de su extraordinaria responsabilidad.

Sesenta años de bloqueo económico yanqui, con su inevitable secuela de penurias materiales; y también la saga de nuestros propios errores, porque las revoluciones son obras humanas y las obras humanas no son perfectas; han fatigado a unos cuantos. Son los que hoy se distancian de los proyectos colectivos, se refugian entre lamentos (aquí o afuera) en los proyectos individuales y no ven la diferencia, como explica una dura y hermosa frase de José Martí “entre las miserias imbéciles y las tristezas grandiosas; entre el desafío y el acobardamiento; entre la energía celeste y la decrepitud juvenil”.  Las sociedades humanas, la nuestra también, tienen siempre sus “partes blandas”. A esas es que apuestan los adversarios del proyecto histórico cubano de soberanía y justicia.

Martí no hubiese sido condescendiente con los “fatigados” de hoy. En una dura crítica a un poeta de su tiempo escribió, desde sus 19 años de edad: “En la arena de la vida luchan encarnizadamente el bien y el mal. Hay en el hombre cantidad suficiente de bien para vencer.  ¡Vergüenza y baldón para el vencido!”.

Hoy 4 de abril del 2022, la evocación de las tareas y actitudes asumidas por la UJC durante estos 60 años nos refuerza la convicción de que la juventud cubana no permitirá que sean los escépticos, los cansados y los vencidos los que dibujen el futuro de Cuba. Como en 1962, ese futuro lo dibujarán y lo construirán los jóvenes comunistas de hoy.

¡Celebremos el 4 de abril, y sigamos adelante!

Agustin Lage Davila

Centro de Inmunología Molecular

lunes, 28 de marzo de 2022

CONVERSANDO CON LOS CHINOS SOBRE CIENCIA, DESARROLLO Y SOCIALISMO.

 

La semana pasada ocurrió una conferencia virtual entre un equipo del Partido Comunista de China y uno del Partido Comunista de Cuba, con una sesión titulada: “Seminario Teórico entre el PCC y el PCCh: Las responsabilidades de la ciencia en el camino al socialismo”.

 Ya desde el título del tema se identifica el mensaje sobre el rol tiene la ciencia en el desarrollo social y económico, y especialmente en el socialismo. Es un mensaje que todos los cubanos debemos captar y comprender, pues en el desarrollo socioeconómico y en el socialismo (en ambas cosas) se decide el futuro de la Patria.

 Los compañeros que organizaron el evento desde el PCC me invitaron a hacer una ponencia. Ahora, y con permiso de ellos, reproduzco aquí lo esencial de lo que dije en ese evento. Es esto:

 LAS FUNCIONES DE LA CIENCIA EN EL PROYECTO DE DESARROLLO ECONOMICO Y SOCIAL SOCIALISTA DE CUBA.

 Las funciones de la ciencia en las sociedades humanas han ido cambiando y expandiéndose con el tiempo. Desde que comenzó a surgir poco a poco el método científico en el siglo XVII, y hasta finales del siglo XIX, la investigación científica era una actividad de individuos motivados y creativos, primero aislados y más tarde vinculados a sociedades científicas y a universidades. En la primera mitad del siglo XX  hubo dos cambios importantes. 

  El primero es que la investigación científica comenzó a introducirse en las empresas, con el surgimiento de laboratorios industriales en varias de ellas. El segundo es que la promoción de la investigación científica comenzó a ser tarea de los Estados, con el surgimiento de instituciones estatales de investigación y/o presupuestos diferenciados para impulsar investigaciones vinculadas a misiones específicas. Comenzó a hablarse entonces de “economía basada en el conocimiento”.  

 Las responsabilidades de la ciencia en el camino al Socialismo 

 Dejar atrás el capitalismo como sistema socioeconómico es la tarea principal que la humanidad  tiene ante si en estos inicios del siglo XXI. Es el sistema que produjo las sangrientas guerras del siglo XX, creó indecentes desigualdades de ingreso y propiedades entre países y dentro de los países, excluyó millones de personas de su participación en la economía, y causó el deterioro del medio ambiente que hoy nos amenaza a todos. La humanidad no podrá sobrevivir sin superar el capitalismo. 

Es una tarea enorme y compleja. Las dificultades y retrocesos que hubo en el siglo XX, en la construcción de alternativas al capitalismo, no hacen menos necesaria y urgente la tarea. Solamente nos ilustran sus complejidades.  

 La pregunta es si puede la ciencia (y de que manera puede) asumir responsabilidades en ese paso imprescindible de la civilización humana. 

El transito hacia una economía basada en el conocimiento, en la generación y valorización de activos intangibles, y en inversiones sobre innovaciones cuya recuperación contiene más incertidumbres que en la economía tradicional, hace más evidente la disfuncionalidad esencial del sistema capitalista.  

Si asumimos que la eficiencia de la inversión y del trabajo incluye la sostenibilidad social y  ambiental a mediano plazo, y la reducción de las desigualdades, entonces los mecanismos del mercado son obviamente e inmensamente ineficientes. 

Durante mucho tiempo un sentido común construido por economistas defensores del sistema capitalista sostenía que la igualdad y el crecimiento económico eran fenómenos contrapuestos, y que  habría que aceptar que las acciones tendientes a reducir desigualdades, de una forma u otra terminarían reduciendo el dinamismo de la economía. La esclavitud en el continente americano generó crecimiento económico para las metrópolis europeas. Pero después el desarrollo tecnológico fue imponiendo una visión opuesta, que evidencia que la desigualdad es ineficiente. 

El tránsito hacia una economía de alta tecnología, basada en el conocimiento, requiere expandir el gasto social en bienes públicos tales como la educación, la salud, la seguridad social y la ciencia, lo cual solamente puede ser garantizado por la inversión estatal. 

La polémica ideológica sobre las desigualdades conecta con el debate sobre los derechos de propiedad.  Como descubrió Marx, el capital siempre tiende a concentrarse, a menos que existan decisiones políticas y marcos regulatorios se lo impidan. 

La abolición de la esclavitud deslegitimó el derecho a “poseer” otra persona, pero la propiedad privada sobre los medios de producción sigue legitimando el derecho a poseer los frutos del trabajo de otra persona. Para nosotros, los comunistas, sean unos u otros los términos que se utilicen en el debate, la esencia sigue siendo la vieja contradicción del capitalismo entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación.  

El conocimiento, y especialmente el conocimiento científico y tecnológico es un producto social. Nadie puede poseer privadamente todas las piezas de conocimiento precedente necesario para descubrir o para inventar algo. En las sociedades modernas los dispositivos institucionales para la creación y circulación del conocimiento (sistema educacional, instituciones científicas, etc) están en el sector presupuestado, que se financia en la mayoría de los países (incluyendo países capitalistas) con dinero público administrado por el Estado. Los dispositivos institucionales para la transformación de los conocimientos en productos y servicios comercializables están en el sector empresarial. 

¿Cómo se produce la conexión entre ambos? La ideología capitalista intenta conectarlos por mecanismos de mercado a través del sistema de patentes, que se apropia de un bien publico (el conocimiento generado en instituciones publicas) para ponerlo en manos de una empresa privada que lo utiliza. Es un sistema que genera enormes costos de transacción  y  es cada vez menos funcional, a medida que el contenido científico de los bienes y servicios es mayor. La conclusión final es simple, como todas las grandes verdades: el capitalismo no es compatible con la economía basada en el conocimiento. 

Pero una cosa es comprender un proceso, y una necesidad histórica de cambio, y otra muy diferente es generar la voluntad política y la cultura para lograr esos cambios.   La ciencia solamente no bastará, pero ayudará a crear el contexto necesario para que la cultura y la política hagan su trabajo. La cultura y la política movilizaran voluntades para construir una sociedad más equitativa; pero hará falta también lograr que esa equidad se transforme en crecimiento económico. Ahí están las nuevas responsabilidades de la ciencia. 

Las responsabilidades de la ciencia en Cuba  

Cuba construye una alternativa, una sociedad mejor y posible, que ha demostrado que se pueden alcanzar elevados niveles de salud, educación y seguridad social, aun con escasos recursos, si se reparten bien, afirmación que se demuestra objetivamente por la disociación entre el PIB por habitante, y los indicadores sociales.  

La construcción en Cuba de una economía próspera, sobre la base de la equidad y la cultura, ha estado más de 60 años, y sigue estando, amenazada por el bloqueo económico más largo y brutal de la historia, y por una guerra de ideas (más bien de imágenes, porque ideas no tienen muchas) muy bien financiada que intenta presentar los efectos de la agresión externa como si fueran debilidades internas del socialismo. 

 Aunque la lucha por crear una conciencia mundial en contra el bloqueo a Cuba debe continuar e intensificarse, el escenario previsible hoy es que mantengan ese bloqueo, porque los millonarios que gobiernan el mundo necesitan que la alternativa al capitalismo que Cuba construye no tenga éxito. Nosotros tenemos que saber que hay que seguir resistiendo, y además, desarrollar creativamente nuestra economía y nuestro modelo de sociedad, aún con el bloqueo. Y en el siglo XXI esa economía tiene que estar basada en el conocimiento y en la ciencia.

La manera en que expresamos el objetivo mayor del proyecto social de los cubanos de construir una sociedad justa, próspera y sostenible, nos dice también que la justicia social es objetivo primordial, pero por si sola no basta. Hace falta que genere prosperidad y sostenibilidad, lo que significa que hay imperativos económicos. Esos imperativos económicos a su vez, en el siglo XXI, exigen una economía innovadora y conectada con la economía mundial. Y ahí es donde aparecen con toda claridad las nuevas responsabilidades de la ciencia.  

Después del salto revolucionario de los años 60 que incluyó el desarrollo científico entre las metas mayores del país, y después del segundo salto de los años 90 que reforzó las conexiones de la ciencia con la producción  y la economía, necesitamos ahora, entrando el siglo XXI, dar el tercer salto que coloque la ciencia y la innovación en el centro del funcionamiento de la economía. Fidel lo vio y lo dijo en 1993 al expresar que:  La ciencia y las producciones de la ciencia, deben ocupar algún día el primer lugar de la economía nacional……Tenemos que desarrollar las producciones de la inteligencia, y ese es nuestro lugar en el mundo, no habrá otro”.  

Sin pretender análisis concluido ni mucho menos recetas, apreciamos que, de los debates que ocurren en caliente en diferentes espacios en el momento en que se escribe este ensayo (2022) van emergiendo estas ideas: 

·        El Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación de Cuba tiene que crecer, no en proporción al crecimiento  económico sino por delante de este, y alcanzar cotas superiores de inversión en ciencia como fracción del PIB, así como niveles superiores por millón de habitantes de cantidad de investigadores, patentes y publicaciones científicas.

·        El crecimiento de la actividad científica depende de la capacidad de movilización de financiamiento. Estos recursos deben provenir en su mayor parte del sistema empresarial, pero manteniendo también un componente  de financiamiento presupuestado. Ello va a requerir probablemente el diseño de instituciones financieras nuevas para la ciencia, bancarias y no-bancarias, y de un marco regulatorio especifico, que incluya también incentivos para que las empresas inviertan en Investigación-Desarrollo.  

 ·        La cantidad de personas que necesitamos formar en Ciencia no debe estar limitada por los recursos disponibles. No subordinar la formación de capital humano a las posibilidades de empleo por la economía fue otra idea audaz  muy defendida por Fidel desde los años 60. El volumen y calidad del capital humano para la Ciencia es un activo económico en sí mismo.

 ·        La internacionalización de la actividad científica es una consecuencia objetiva del desarrollo. Las instituciones científicas y empresas de alta tecnología deberán desplegar una red de alianzas externas que garantice que la internacionalización ocurra por vías institucionales y no por emigración individual. En el mundo hiper-conectado que va emergiendo, todos los países, pero especialmente los países pequeños, son dependientes de la diversidad y calidad de sus conexiones con el mundo.  

 ·        Hay un nexo entre el desarrollo científico y el desarrollo del sistema empresarial estatal, incluyendo la descentralización de decisiones hacia las empresas, y la dinámica de surgimiento de nuevas empresas estatales. Desarrollo científico y desarrollo del sistema empresarial estatal se condicionan mutuamente. 

 ·        Hay un nexo entre investigación empresarial y exportaciones. El incentivo para la introducción de productos y servicios de alta tecnología es débil si está solamente en función de una demanda doméstica pequeña,  que no permite economías de escala (excepto para la producción de alimentos). En la medida en que las empresas se conecten directamente con las exportaciones se reforzará su percepción de la necesidad de invertir en ciencia e innovación.   

·        Las Universidades están llamadas a convertirse en el principal dispositivo de “incubación de empresas” en el país, especialmente empresas innovadoras  pequeñas, y empresas de alta tecnología capaces de construir ciclos completos de investigación-producción-comercialización. La conexión entre el sector empresarial y el sector presupuestado (sin desconocer las especificidades de cada uno) es una de las grandes ventajas del socialismo, basada en que las empresas fundamentales no son privadas.   

·        Las tecnologías que se prevén determinantes del desarrollo tecnológico en los próximos años, y que constituyen la llamada “cuarta revolución industrial” (inteligencia artificial, robótica, sensores, procesamiento masivo de datos, manufactura aditiva, nanociencias, nuevos materiales, energía inteligente, nuevas biotecnologías y otras) requieren un impulso diferenciado, pues su potenciación usualmente no ocurre en respuesta a problemas prácticos inmediatos. Cuba tiene la capacidad de crear el potencial humano y la base institucional para ello, pero nos faltan mecanismos integradores de esfuerzos que se han hecho por separado.   

·        El desarrollo científico cubano, en tanto que proceso social y cultural, implica una amplia formación de toda la población en sus capacidades de entender el carácter objetivo y verificable del conocimiento científico, y el método  de construcción de conocimiento, y rechazar la pseudo-ciencia y la superstición. Ello está directamente vinculado con el desarrollo de un sistema educacional científico, desde la escuela primaria.  

·        En el desarrollo de la ciencia en Cuba, el desarrollo territorial local debe ocupar un lugar clave, y no puede ser visto solamente como un proceso de transferencia, de “arriba” hacia “abajo” de competencias y decisiones. Este desarrollo científico territorial se favorece por la presencia de la educación superior en los municipios, especialmente el Centro Universitario Municipal, que está llamado a expandir su rol como constructor y circulador de conocimientos, y como catalizador de las interacciones entre las instituciones científicas, educacionales y el sistema empresarial.

 Asumir las nuevas responsabilidades de la ciencia en Cuba implica hacer crecer nuestro sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación, encontrar y desplegar formas diversas y creativas de financiarlo, reforzar sus conexiones con el sistema empresarial cubano y con el sistema educacional, y reforzar y diversificar sus conexiones con el mundo.

 Nada de lo que necesitamos que suceda sucederá guiado por las fuerzas ciegas y cortoplacistas del mercado. Por el contrario, es un proceso que debe ser conducido por el estado socialista a través de sus diferentes roles, como dueño de las empresas principales, como fisco, como regulador, como cliente de productos y servicios seleccionados, como constructor de capital humano, como catalizador de las conexiones internacionales a través de relaciones políticas, y en fin, como estratega y representante de los intereses de todos.

 El estado no puede prever de manera determinista como se comportará el mundo más allá del plazo de algunos años, pues hay procesos que son intrínsecamente probabilísticos, distribuidos y adaptativos; pero si puede construir contextos que aumenten las probabilidades de que avancemos hacia la sociedad justa, prospera y sostenible que queremos.

 Nuestro proyecto social no le apuesta al mercado, aunque lo utilice en función de objetivos mayores. Le apuesta a la conducción consciente basada en el consenso y en la cultura, de donde emana su capacidad de proteger la justicia social y la visión de largo plazo.

 

Agustín Lage Dávila

Centro de Inmunología Molecular

 

 

 

 

 

lunes, 21 de marzo de 2022

LA EMIGRACIÓN DE PERSONAS CALIFICADAS: RAÍCES Y CONTEXTOS.

  Aquí tienen un comentario más extenso que los anteriores, y es porque el tema lo demanda. La emigración desde Cuba está creciendo, y dentro de ella la emigración de jóvenes con nivel universitario. Es un desafío que debemos enfrentar, con valentía e inteligencia, como hemos enfrentado muchos otros.

 Sobre este tema se pueden adoptar diversas actitudes, pero la peor de todas es ignorarlo.  Tiene muchas aristas y componentes y es imposible abarcarlo en un solo comentario, pero hay que empezar por entender bien las raíces y los contextos. Un flujo de ideas superficiales (por decir lo menos) que circula en las redes pretende que reaccionemos a las manifestaciones externas del fenómeno, y a las anécdotas, y que no veamos las raíces. En este tema es muy pertinente el consejo de José Martí que preside este blog: De pensamiento es la guerra mayor que se nos hace. Ganémosla a pensamiento”.

 Uno de los retos más complejos que enfrentan los Estados  comprometidos con el desarrollo social y económico, es el de la gestión inteligente y eficaz de las políticas migratorias, dado que el carácter de los procesos migratorios y el impacto de estos en la economía han cambiado durante el siglo XX.

 Migraciones humanas han existido siempre, incluso desde mucho antes de que existiesen los Estados nacionales modernos. Hasta el siglo XIX, las migraciones estaban integradas sobre todo por personas pobres y poco calificadas. Las migraciones de intelectuales, excepto en casos aislados, no tenían mucho efecto en las economías de los países emisores ni de los países receptores.

 A finales del siglo XIX y principios del siglo XX el rol de las migraciones en la economía comenzó a cambiar de contenido. En América Latina la creación de nuevas industrias se benefició de la acogida de inmigrantes calificados. La Segunda Guerra Mundial creó un punto de inflexión  por las migraciones de intelectuales provocadas por las persecuciones políticas y raciales del fascismo. Durante la guerra civil a partir de 1936 muchos españoles emigraron a América Latina, entre ellos brillantes intelectuales, y también con el avance del fascismo en Europa cientos de miles de alemanes y austriacos buscaron refugio en Estados Unidos. La emigración de intelectuales de la Alemania nazi fue probablemente el primer caso de fuga de talentos en gran escala.

 Fenómenos similares de emigración de intelectuales en gran escala ocurrieron después en Chile, luego del golpe de Estado de 1973, y durante las dictaduras militares en Brasil (1964) y Argentina (1974).

El porcentaje de profesionales entre inmigrantes en Estados Unidos, que se estimaba alrededor de 3 % antes de 1930, pasó a más de 10 % en 1945. Hoy se estima en 40 %.

 Es curioso que el término “fuga de cerebros” que se emplea hoy para caracterizar la emigración de personal calificado desde los países del sur hacia el norte desarrollado, fue utilizado por primera vez en Gran Bretaña en 1963, como parte de una denuncia realizada por la Royal Society sobre la pérdida de personal calificado por emigración hacia Estados Unidos y el efecto negativo de este fenómeno en las posibilidades de recuperación económica.

 En las décadas siguientes la emigración selectiva de personas de alta calificación siguió creciendo, ya no tanto a partir de Europa, sino a partir de Asia y América Latina. En la década de 1990, más de 400 000 científicos y técnicos nacidos en otros países trabajaban en Estados Unidos, así como más de 100 000 doctores en ciencias. El número de migrantes de los países en desarrollo hacia los países desarrollados, pasó de 10 millones a 55 millones entre 1960 y 2000.

 A este fenómeno migratorio se sumó en los años 1990 el éxodo de personal calificado consecuencia de la desaparición de la URSS y el campo socialista europeo. Entre 1989 y 1991, Rusia sola perdió a más de 500 000 científicos y técnicos, y se estima que el sistema científico ruso sufrió una reducción de 37 % en sus recursos humanos.

 La cantidad de migrantes en el mundo continúa creciendo, pero el fenómeno más relevante es que la fracción de migrantes con educación universitaria crece más rápido que la cantidad total de migrantes. Este es un primer cambio mayor en el fenómeno migratorio.

 Entre los factores que causan esta emigración está, por supuesto, la búsqueda por los emigrantes de mejores salarios y condiciones de vida. Pero no es el único factor. Funciona también como fuerza de atracción la búsqueda de mejores condiciones para el trabajo científico y la realización profesional. No siempre la encuentran, y conocemos muchos profesionales de alta calificación trabajando en empleos de mucha menor calificación en los países a los que emigraron. Pero la imagen de oportunidad sigue funcionando, aunque solo sea a nivel de imagen, y haciendo que la gente reaccione más a las expectativas que a las realidades.

 La emigración de personas con alto nivel educacional, multiplicada en la segunda mitad del siglo XX, no tiene igual significado que la emigración de personas con educación elemental, o ninguna educación, como la que ocurría en el siglo XIX. Aunque las cifras varían según la forma en que se compilan las estadísticas en diferentes países y según los enfoques de quienes escriben los reportes, la tendencia general es consistente:

 

·        Se estima en más de 240 millones la cantidad de migrantes en el mundo y cerca de 40 % tiene educación universitaria.

 

·        Según la base de datos de Naciones Unidas, el número de migrantes internacionales ha crecido de 75 millones en 1960 a 214 millones en 2010. La proporción de personas de otros países que viven en los países más desarrollados se ha triplicado a partir de la década de 1960.

 

·        El principal beneficiario de estos flujos migratorios ha sido Estados Unidos.  Entre los científicos que han emigrado de los países subdesarrollados, 76 % está en Estados Unidos.

 

·        La Organización Internacional para la Migración (IOM) estima que cerca de 300 000 profesionales del continente africano viven y trabajan en Europa y Norteamérica.

 

·        El 75 % de los emigrados provenientes de África e India tienen educación universitaria, y los vemos en empleos de baja calificación.

 

·        Cerca de un tercio de los científicos formados en el mundo subdesarrollado residen los países desarrollados.


 Este fenómeno podría haber sido espontáneo en sus inicios, pero en la actualidad es resultado de políticas implementadas en los países industrializados, con toda intención. Este es un segundo cambio mayor en el fenómeno migratorio.

 Por ejemplo, en Estados Unidos, a partir de la Ley de Inmigración de 1990 (Immigration Act), y la Ley de Competitividad y Mejoramiento de la Fuerza de Trabajo de 1998, ha habido un gran énfasis en la selección de trabajadores de alta calificación, a través de un sistema de cuotas que favorece a los candidatos con grados académicos. La proporción de inmigrantes con nivel educacional de escuela primaria no excede 7 %.

 La política migratoria de otros países como Australia y Canadá, ha seguido estrategias similares de inmigración selectiva o incluso de promoción activa en los países subdesarrollados. La cantidad de inmigrantes de alta calificación en Canadá se multiplicó por cinco entre 1983 y 1995.

 La literatura sobre este tema, en los últimos años, contiene intentos de defender la emigración de personas calificadas y presentarla, no como una pérdida de talentos (brain drain), sino como una ganancia en el acceso a los conocimientos (brain gain) y como una contribución de la diáspora de migrantes a la inserción de los países pobres a la economía mundial.  Es una tesis que no se sostiene con datos y mucho menos con juicios éticos.

 La movilidad internacional de personal calificado no tendría efectos negativos si hubiese un compromiso ético global con la redistribución mundial de los beneficios de la ciencia y la tecnología. Pero no lo hay y no se ve que lo habrá en el futuro previsible. Los países del sur invierten en la formación de capital humano y parte de este emigra, aportando su trabajo al valor agregado de las economías del norte, lo que se transforma a su vez en palanca del intercambio comercial desigual y mayor presión migratoria. Los países que, en la expresión de Eduardo Galeano “se especializan en perder”, pierden doblemente, en el costo de la formación de personas calificadas que emigran y en los precios de los productos de alta tecnología que deben importar, y a los que esa misma emigración hizo su innegable contribución.

 Hay cierta literatura sobre el tema que busca resolver estas contradicciones a nivel semántico, cambiando el lenguaje para que no se hable más de fuga de talentos, o de robo de talentos, sino de movilidad y circulación de científicos. Pero esta acrobacia del lenguaje no cambia las esencias. La pérdida de personas calificadas es un mecanismo de explotación y perpetuación de las desigualdades. En los países en desarrollo el porcentaje de fuerza de trabajo calificada es cuatro veces superior en la población que emigra que en la que permanece en los países emisores.

 No se busca con este análisis justificar prohibiciones a la emigración de personal calificado, que serían socialmente inaceptables y además, ineficaces. Algo así como una reacción de autoagresión para defendernos de una agresión externa. Tampoco tendría sentido intentar llevar a cero la emigración de personas con educación y talento. Probablemente existe un nivel óptimo de movilidad de personas calificadas que maximiza el efecto en la circulación de conocimientos y el acceso a circuitos científicos globales. Pero no es ese el nivel actual, ni logran los países del sur construir estructuras institucionales y procesos legítimos para maximizar la contribución de esa emigración al desarrollo.

 Algunos estiman que hasta 50 % de los estudiantes de posgrado extranjeros en Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos, permanecen ahí una vez concluidos sus estudios. Esa fracción llega a 70 % para los doctorantes en ciencia y tecnología en Estados Unidos.

 Es cierto que los científicos que emigran tienen en los países de acogida una mayor productividad, consecuencia del contexto en que trabajan. Pero esta aparente racionalidad local, a corto plazo, conduce a la irracionalidad global de profundizar el abismo científico entre países pobres y ricos, y de desconectar a la mayor parte de la humanidad de los procesos globales de creación y circulación de conocimientos. La emigración es una forma de globalización, la cual, al no ser conducida de manera racional y consensuada, no logra una redistribución justa del beneficio social.

 El tratamiento de este asunto no se puede dejar a la espontaneidad, ni tratar con disposiciones fragmentarias sobre los efectos distales, y no sobre las causas. Si la captación de talentos para que emigren a los países del norte se ha hecho un proceso institucionalizado, también deberíamos tener en los países del sur mecanismos explícitos e institucionales para llevar este proceso a un nivel óptimo y potenciar su impacto en el desarrollo. Uno de ellos es la expansión de la circulación temporal de profesionales, que funciona como contrapeso de la emigración permanente.

 La realidad es que en la gestión de capital humano se necesitan  dos niveles de inversión. Uno es la inversión necesaria para formar capital humano, que es básicamente inversión en el sistema educacional, y otro diferente es la inversión necesaria para retenerlo, la cual incluye la inversión en ciencia y en las conexiones entra la ciencia y las empresas.

 Podemos ―y debemos― debatir mucho sobre los procedimientos concretos, pero necesitamos un consenso claro sobre los objetivos. Debemos también, en cualquier análisis del tema, tener muy en cuenta las especificidades de este fenómeno en Cuba, el cual posee raíces históricas muy antiguas, y contextos actuales muy especiales.

  Desde la década de 1930 Cuba ha sido un país de emigración, donde son más las personas que salen del país que las que entran. Se estima que 38 % de la población cubana tiene familiares viviendo en el exterior.

 El problema migratorio ha sido desde el siglo XIX un componente de las complejas relaciones entre Cuba y Estados Unidos. En 1820 llegaban más pasajeros a New York desde los puertos cubanos, que desde todos los puertos de América Latina y España juntos.

 En el siglo XX, a partir del triunfo revolucionario de 1959, la emigración fue politizada desde el exterior y se convirtió en una de las armas de la política agresiva de Estados Unidos contra Cuba, incluyendo monstruosidades vergonzosas como la llamada Operación Peter Pan, en la que miles de niños fueron separados de sus padres, y la estimulación después a la emigración ilegal, que ha costado miles de vidas.

 Si bien la cantidad de cubanos que habían obtenido permiso de residencia permanente en Estados Unidos se estimaba en algo más de 180 000, acumulado antes de 1959, entre 1960 y 1969 obtuvieron permiso legal de residencia más de 200 000 cubanos.

 En 1966 el gobierno de Estados Unidos emitió la Ley de Ajuste Cubano, que permitía a los cubanos obtener residencia permanente después de dos años de estancia en ese país. Ese período de espera se redujo a un año en 1976.

 En lo referente a la emigración de profesionales, el primer objetivo atacado fue la salud, y la mitad de los médicos que había en Cuba en 1959 emigró en los primeros años de la década de1960. Entre ese año y 1965, emigraron de Cuba más de 2700 médicos.  En 2006 el Gobierno de G. W. Bush estableció un programa especial para promover la emigración de médicos cubanos, el CMPP “Cuban Medical Professional Parole Program”, que establecía un camino expedito para la emigración de médicos hacia Estados Unidos, si ellos abandonaban sus misiones en otros países y se presentaban en las correspondientes embajadas.

 La nación cubana se defendió y lo hizo exitosamente. Cuba tiene hoy el indicador de médicos por millón de habitantes mayor del mundo y una cifra de graduados universitarios por población económicamente activa que duplica la media de América Latina.

 Pero a medida que se haga más directa y evidente la conexión de la ciencia con la economía, la presión migratoria sobre los científicos cubanos va a continuar y la necesidad de una defensa inteligente también. El riesgo para nuestro proyecto de sociedad socialista, “con todos y para el bien de todos”, es un riesgo real que no podemos subestimar.

 En nuestra contra opera una agresión económica de más de 6 décadas, que ha afectado el nivel de vida material de la población. En cualquier momento histórico y en cualquier lugar del planeta, las dificultades económicas prolongadas han engendrado presión migratoria. Y Cuba está en este planeta.

 Pero a nuestro favor actúan nuestra historia y nuestra cultura, base de la capacidad de resistencia de la conciencia nacional cubana. Una historia y una cultura que están profundamente enraizadas aquí, y también en una parte importante de los cubanos que no viven aquí.

 José Martí lo vio de esta manera: “Cada cual se ha de poner, en la obra del mundo, a lo que tiene más cerca, no porque lo suyo sea, por ser suyo, superior a lo ajeno, y más fino o virtuoso, sino porque el influjo del hombre se ejerce mejor y más naturalmente en aquello que conoce y de dónde le viene inmediata pena o gusto; y ese repartimiento de la labor humana, y no más, es el verdadero e inexpugnable concepto de Patria”.

 

Agustín Lage Dávila

Centro de Inmunología Molecular

 

 

 

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   La formación profesional de cada uno de nosotros influye inevitablemente en la manera en que apreciamos la realidad y definimos prioridad...