lunes, 23 de mayo de 2022

¿PORQUÉ LOS CIENTÍFICOS HABLAN SOBRE LA ECONOMÍA?

 En la sociedad cubana de hoy escuchamos a muchos científicos de las ciencias naturales (me refiero aquí a profesionales de la investigación científica, porque pensamiento científico debemos tener todos cada vez más) hablando sobre temas económicos, opinando en debates públicos, con las autoridades o en la calle, o incluso defendiendo sus opiniones y propuestas en los medios de comunicación.

No es algo trivial. No recuerdo haber leído de muchos naturalistas o químicos del siglo XIX, ni de muchos físicos nucleares o relativistas del siglo XX, sus opiniones y propuestas sobre las coyunturas económicas de su tiempo. Tampoco se escuchan de muchos biólogos moleculares de otros países, con los que tanto discutimos de diversos temas.

¿No sería mejor que de estos asuntos económicos se ocupasen los profesionales de la economía o los científicos de las ciencias sociales (los que “saben del tema”), y dejar a los científicos de las ciencias naturales concentrados en sus laboratorios, o cuanto más, emitiendo una opinión diletante frente a una taza de café? He visto asomar ese criterio con cierta frecuencia, detrás de una sonrisa condescendiente.

Pero no es eso lo que sucede, al menos no en Cuba en estos momentos. Gran parte de la comunidad científica está pensando y opinando sobre los temas económicos, tanto como sobre sus moléculas y sus experimentos. Y es bueno que  suceda así, y es útil preguntarnos porqué sucede así.

La primera razón y la más importante, es que somos ciudadanos, cubanos, enamorados del proyecto de convivencia humana propuesto por Martí y por Fidel, comprometidos con Cuba, y con el socialismo. Y si nuestro desafío principal de hoy está en la economía, seremos participantes de esa batalla económica, igual que si nos agreden, seremos milicianos. 

Pero además de esta razón moral esencial y evidente, hay otras razones más “técnicas”, para que ese debate sobre temas económicos en la comunidad científica cubana gane intensidad precisamente en estos momentos.

Eso sucede:

Porque la economía mundial ha cambiado, y ahora es una economía directamente dependiente de la ciencia, la tecnología y la innovación. Ya no es la economía agraria de subsistencia, y no es tampoco la economía industrial de producciones en gran escala (azúcar por ejemplo) y estandarizadas. Ahora depende del lanzamiento sistemático de productos novedosos, que sustituyen a los productos precedentes; y de la asimilación a tiempo de nuevas tecnologías de producción.

Porque la economía se ha globalizado y eso implica que una parte creciente del valor de nuestra economía hay que realizarla en las exportaciones, y con productos de alta tecnología y alto valor agregado, así como participando en cadenas globales de valor. Ello incluye también negociaciones sobre “activos intangibles”, patentes, tecnologías, datos, etc. Y todo esto demandará cada vez más negociaciones de inserción internacional “distribuidas” entre muchos actores.

Porque la capacidad innovadora de las empresas depende cada vez más de sus vínculos con entidades del sector presupuestado, especialmente instituciones científicas, educacionales y también de la salud. Esos nexos son especialmente importantes para Cuba, porque tenemos un sector presupuestado grande (en el empleo y en el PIB) y queremos que siga siendo así.

Porque necesitamos una dinámica mayor de surgimiento de empresas nuevas, que son un motor esencial para la asimilación de tecnologías nuevas; y muchas de esas empresas podrán emerger precisamente de colectivos científicos o universitarios que hoy están en el sector presupuestado. Ya sucedió así en el sector de la biotecnología.

Porque la dinámica demográfica de nuestro país nos lleva hacia una fuerza de trabajo envejecida (digamos mejor “madura”) que solamente podrá ser económicamente productiva en una economía de alta tecnología.

Porque queremos defender el socialismo y su enorme potencial de justicia social, así como el espacio protagónico de la empresa estatal socialista (está en nuestra Constitución); y es precisamente en el campo de la alta tecnología donde el socialismo expresa mejor sus ventajas económicas. El socialismo debe ser una consecuencia del desarrollo de las fuerzas productivas, como predijo Marx.

Porque el contexto económico y social descrito en los párrafos precedentes contiene complejidades y “efectos de red” que se resisten a cualquier análisis simplista y a interpretaciones mecánicas de las relaciones causa-efecto. Por el contrario, demanda capacidad de evaluación objetiva de los procesos, definición operacional de sus componentes principales, captura y análisis de datos, estudio de las experiencias precedentes, formulación creativa y evaluación rigurosa de las hipótesis, y capacidad de comunicar ampliamente todo esto. La práctica de la investigación científica implica décadas de entrenamiento en esa manera de pensar.

Porque estamos apurados. Los procesos económicos, políticos, sociales y culturales en el mundo ocurren a velocidades  objetivas que no están bajo nuestro control. Parte de esos procesos son positivos y entrañan oportunidades para el proyecto social de los cubanos. Otros procesos no lo son, y entrañan riesgos.  Cuáles velocidades predominarán, es algo que no sabemos. Pero en momentos de incertidumbres y riesgos, la ética toma el mando de la conducta, y ella nos lleva, a los revolucionarios cubanos (de los que los científicos somos parte), a participar en grande en las batallas económicas.

La economía cubana está en un momento de intensa creatividad. En ciertos aspectos recuerda la década intensa y maravillosa de los años 60s. Por supuesto que este momento contiene aciertos y contiene también errores, pero el mayor error de todos sería la falta de creatividad para diseñar lo que hay que hacer, y la falta de audacia para hacerlo. Hay mucho que hacer y hay que hacerlo rápido; y al mismo tiempo hay que seguir construyendo el contexto jurídico y la institucionalidad para hacerlo aún más rápido y mejor.

Hay que participar también con modestia, pues con frecuencia el  pensamiento de los científicos se equivoca  por falta de información y datos sobre el tema concreto del que se opina, y puede fallar también por la costumbre del “reduccionismo” (buscar siempre causas y soluciones, pocas y simples, para problemas complejos) que es tan habitual en las ciencias naturales. Serán necesarias las ideas provenientes de muchos campos de la inteligencia humana, no solamente de las ciencias naturales. Pero también de las ciencias naturales. Ningún enfoque será “el bueno”. Serán aproximaciones contradictorias y complementarias, y nos llevarán a encontrar las entrañas creadoras de las contradicciones de hoy.

Pero siempre hay que participar. “Modestia” no significa inacción, y mucho menos indiferencia. Hay que seguir haciendo buena ciencia con seriedad y consagración, en los temas específicos de cada cual, pero también hay que entender las batallas del país, incluida la batalla económica, alinear con ellas las capacidades científicas, llevar los resultados hasta su impacto final en la sociedad, conectar la ciencia con las empresas, fundar empresas nuevas cuando sea necesario, polemizar, y asumir riesgos cuando haga falta.

La indiferencia es el peso muerto de la Historia”, escribió Antonio Gramsci en 1917. Los científicos cubanos no han sido nunca indiferentes. Mucho menos ahora.

Agustín Lage Dávila

Centro de Inmunología Molecular

lunes, 16 de mayo de 2022

COMPLETANDO EL ANÁLISIS SOBRE LA BIOTECNOLOGÍA

 El comentario que envié al blog la semana pasada se titulaba “PORQUÉ LA BIOTECNOLOGÍA NO DEBE SER EXCEPCIÓN”.

Intentaba subrayar la idea de que el despegue de la industria biotecnológica en Cuba en los años 80s contiene un componente de “innovación gerencial” que es tan importante, incluso más importante, que el componente de innovación en las investigaciones biológicas propiamente dichas. Y el énfasis en la innovación gerencial es necesario, porque es lo que hace que la experiencia de la biotecnología sea replicable en otros sectores de tecnologías diferentes.

La construcción de las organizaciones es el proceso crítico. Los productos innovadores no crean las organizaciones innovadoras: son su consecuencia.

Entre los muchos comentarios que recibí hubo uno que proviene de un compañero que respeto especialmente, por la profundidad de su pensamiento profesional y por la solidez de su compromiso con Cuba y con la Revolución. Se trata del Dr. Carlos Rodríguez Castellanos, profesor de Física y actual Vice-Presidente de la Academia de Ciencias de Cuba, y a quien conozco desde hace décadas.

Carlos hizo una crítica al blog anterior consistente en identificar que el análisis era sesgado, pues no trataba con suficiente relevancia el proceso de formación y selección de capital humano, ni la atención cercana y permanente a las organizaciones nacientes,  sin lo cual cualquier innovación gerencial hubiese estado destinada al fracaso.

Más que comentar sobre el comentario, le sugerí que escribiese esa opinión para ponerla en el mismo sitio.

Verán que este análisis es imprescindible. También fue parte esencial de la experiencia fundacional del sector de la biotecnología, el esfuerzo previo de formación de capital humano, y el proceso simultáneo de selección de cuadros, donde quiera que estén.  Las experiencias positivas lo son por lo que tienen de “replicables”. De lo contrario serían solamente excepciones u objetos de museo.

Agustín Lage Dávila

Centro de Inmunología Molecular.

 Y aquí tienen lo que Carlos Rodríguez escribió:

 Los éxitos del programa de la Biotecnología y la Industria Médico Farmacéutica cubanas, que tanto nos enorgullecen, han dependido de muchos factores. Este excelente artículo (se refiere al blog anterior, del 9 de Mayo) enfatiza las transformaciones institucionales y la gestión diferenciada del programa, buscando claves para aprovechar esta experiencia positiva en las condiciones actuales. Se enfatiza que no se trató sólo de reunir científicos brillantes y asignarles financiamiento. Esto es muy importante, pero sería también un error desconocer la importancia de los recursos humanos y financieros asignados a esta tarea. El punto de partida fueron grupos de excelencia radicados en el CNIC, el INOR y otras instituciones. De excelencia no sólo por la formación científica y los resultados ya obtenidos, por su posicionamiento científico internacional y las oportunidades que se avizoraban en su campo de trabajo, sino por la dedicación y el compromiso revolucionario de los integrantes. En la medida en que se fueron creando los nuevos centros, estos grupos se complementaron con otros cuadros de experiencia, procedentes de las universidades y de otras instituciones, y por cientos, luego miles (recordemos la Reserva Científica), de graduados universitarios de muchas carreras, unos y otros adecuadamente seleccionados de acuerdo a sus resultados académicos, integralidad, y disposición a la consagración, motivados por las excelentes condiciones de trabajo que se crearon y el reconocimiento social a su labor.  Por mi edad, soy testigo (externo) de que se concentraron en el Polo muchos de los mejores compañeros de mi generación, los cuales, a su vez, continuaron la formación de miles de nuevos jóvenes, seleccionados entre los mejores graduados de nuestras universidades, en un ambiente de elevado nivel científico, rigor, consagración y compromiso. Esto, a mi modo de ver, ha jugado y juega un papel central. Al final, es un asunto también de gestión diferenciada: seleccionar los colectivos adecuados para iniciar un programa y continuar con su formación y crecimiento con altos estándares académicos, económicos  y revolucionarios.

La construcción de un nuevo sector económico de alta tecnología requiere una multiplicidad de acciones de todo tipo: hace falta mucha “energía libre”. Una parte proviene de las personas que participan, de su propia inteligencia, creatividad, motivación, consagración y compromiso. Otra tiene que salir de fuentes externas. Los recursos externos disponibles, tanto humanos como materiales, son siempre escasos y sólo se pueden concentrar en algunos pocos programas. Sin embargo, sabemos que muchos de ellos se despilfarran o no se utilizan de forma óptima, que hay reservas. Es necesario identificar bien las oportunidades, establecer prioridades y ser consecuentes con ellas, concentrando recursos y estableciendo las reglas adecuadas. Las experiencias previas son importantes referentes, pero cada nuevo programa necesita sus propias reglas que hay que construir sobre la marcha. No hay un “algoritmo” universal. Fidel, tuvo la visión y supo conducir brillantemente el programa de la  Biotecnología y la Industria Médico Farmacéutica cubanas, seguido por una pléyade de jóvenes científicos y cuadros, y por todo el pueblo que los apoyó, con no pocos sacrificios. Le corresponde a las nuevas generaciones continuar y extender su labor basándose en las experiencias previas, pero sobre todo, en el ejemplo.

 Carlos Rodríguez Castellanos.

VicePresidente de la Academia de Ciencias de Cuba

 

lunes, 9 de mayo de 2022

PORQUÉ LA BIOTECNOLOGÍA NO DEBE SER EXCEPCIÓN

 En los días cercanos al éxito de las vacunas cubanas en el control de la COVID 19, y al reconocimiento que recibimos todos los trabajadores de BIOCUBAFARMA al ser escogidos para abrir el desfile del 1º de Mayo, se discutió mucho, y en muchos escenarios, sobre el rol de la ciencia en el proyecto social socialista cubano, y en especial en la economía.

La mayoría de esos comentarios, en los medios, en las reuniones y en la calle, han sido elogiosos sobre lo que han hecho y hacen los científicos y las instituciones científicas cubanas, y en especial las de BIOCUBAFARMA.

Generan en nosotros agradecimiento y compromiso. Y decimos con humildad, como dice una vieja canción de Carlos Puebla: “...soy del pueblo, pueblo soy,, y a donde me lleve el pueblo, voy…”.

Hay que reconocer que esa visión que tiene el pueblo y su Gobierno sobre la biotecnología cubana mueve también el pequeño componente de vanidad que, como seres humanos, todos tenemos.

Pero esa visión contiene también su porcentaje de error, pues si vemos el desarrollo de la biotecnología cubana como una experiencia puramente científica dependiente de científicos brillantes y dedicados, nos equivocamos y nos perdemos la parte más interesante de la historia, porque el despegue del sector biotecnología en Cuba no es esencialmente una experiencia científica: es una experiencia de conexión de la ciencia con la producción y con la economía, y eso es algo muy diferente.

Cuando surgió en Cuba el sector de la biotecnología en los años 80, bajo la conducción muy directa y sistemática de Fidel, es cierto que se partió de grupos científicos pre-existentes mayoritariamente en el sector presupuestado, pero esos grupos se transformaron y la transformación consistió esencialmente en que:

1. Se crearon instituciones nuevas. Primero fueron unidades de tratamiento especial, y luego “empresas”.

2. Esas instituciones recibieron una atención directa de la máxima dirección del país. No se dejaron a merced de los mecanismos que estaban establecidos desde antes para atención a las empresas.

3. Se asignó un financiamiento diferenciado, protegiendo así a las nuevas instituciones en la inevitable fase de ensayo y maduración.

4. Las instituciones surgieron con el concepto de “ciclo completo”, es decir, con capacidades de investigación científica, capacidades de producción, y de comercialización de sus productos, en la misma organización.

5. La mayoría de las nuevas instituciones, incluso antes de ser formalmente empresas, recibieron atribuciones (y obligaciones) de exportación directa, cada una con su entidad comercial.

6. Las atribuciones de negociación internacional incluyeron la “negociación de intangibles”, es decir, negociar licencias sobre proyectos que todavía no habían no habían generado productos tangibles comercializables.

7. Se mantuvo, a pesar de las restricciones financieras, un importante nivel de inversión en Investigación-Desarrollo, discutido caso a caso y año por año.

8. Se promovieron conexiones científicas internacionales, incluyendo despliegue de empresas mixtas en el exterior.

9. Se seleccionaron cuidadosamente los cuadros a poner al frente de cada nueva organización: jóvenes, revolucionarios, dispuestos a la consagración al trabajo, comprometidos con Cuba y con el socialismo, y técnicamente competentes.

10. Muchos cuadros y especialistas fueron puestos en contacto con experiencias de desarrollo científico, tecnológico y empresarial en otros países.


Si leen ustedes otra vez los puntos del 1 al 10 más arriba, verán que la palabra “biotecnología” no se menciona ni una vez. Es que las innovaciones principales fueron gerenciales.

Si vemos los productos de la biotecnología cubana como frutos de de científicos excepcionales  (que los hay, los conozco y los admiro), podríamos premiarlos, pero entonces la historia no sería replicable, sino que sería excepción, casi que por definición.

Pero si comprendemos que las innovaciones principales estuvieron en el campo de la gestión empresarial, entonces estaríamos ante una historia repetible. Nada impide que hagamos algo similar en la informática, la electrónica, las nanotecnologías, los nuevos materiales, la producción y almacenamiento de energía, la automatización, la robótica, la inteligencia artificial, el procesamiento masivo de datos, la manufactura aditiva (impresión 3D), la producción de alimentos y otros tantos campos de la economía del conocimiento, donde necesitamos acciones de re-industrialización basadas en la ciencia, y conectadas con la economía mundial.

El desarrollo económico implica producción industrial, y el socialismo requiere desarrollo económico, pero no tenemos tiempo histórico para reconstruir el camino de la industrialización tradicional. Hay que acceder directamente a la economía basada en el conocimiento y a las tecnologías de la industrialización avanzada (la llamada “cuarta revolución industrial”), y en un país de nuestras dimensiones, eso significa también una economía insertada en la economía mundial, por canales múltiples y distribuidos.

En el sector de la biotecnología se logró, y se hizo rápido; pero el valor de esa experiencia no depende solamente de que siga siendo exitosa, ni siquiera de que crezca más en sus exportaciones, sino fundamentalmente de que sea reproducible en otros sectores de nuestra economía.

La construcción de conocimiento (eso es lo que hacen los científicos) es esencial, pero también lo es la conexión del conocimiento con los sistemas productivos, y los científicos tenemos que asumir esa tarea también. No solo como “asesores”, sino también como participantes. De nuestro sistema de ciencia, tecnología e innovación tendrán que emerger empresas nuevas. Nuestros científicos y nuestros empresarios tendrán que crearlas juntos.

José Martí ya nos había dicho esto desde el siglo XIX: La razón, si quiere guiar, tiene que entrar en la caballería”.


Agustín Lage Dávila

Centro de Inmunología Molecular


lunes, 2 de mayo de 2022

CONSENSO: PERDURA LO QUE UN PUEBLO QUIERE.

 

Este 1º de Mayo del 2022, se volvieron a llenar las plazas de trabajadores, celebrando SU día, en SU país y defendiendo SU proyecto de sociedad socialista.

Fue una expresión de consenso, colectivo, masivo y libre. Como lo fue también en el 2019 la votación popular de la Constitución de la República (84.4%). Nadie obligó a nadie a asistir a los actos del 1º de Mayo, como nadie obligó a nadie a votar aprobando la Constitución.

Cualquier análisis serio de la situación política en Cuba tiene que partir de esa realidad. Hay un consenso sobre el proyecto social socialista.

En palabras de José Martí, La unidad de pensamiento, que de ningún modo quiere decir la servidumbre de la opinión, es sin duda condición indispensable del éxito de todo programa político..”

Y tenemos esa unidad en torno al programa político de la Revolución. Es una unidad de pensamiento sobre las esencias del programa político: Soberanía nacional, justicia social, propiedad socialista del todo el pueblo sobre los recursos de la economía, derecho al trabajo, a la salud, a la educación y a la cultura.

Luego tenemos también, y bienvenidas sean, las discrepancias de opinión sobre los medios concretos para alcanzar la sociedad que queremos, y sobre si, aquí o allá, por este cuadro o por el otro, lo estamos haciendo bien, regular o mal. O sobre si una u otra decisión concreta contiene más peligros que oportunidades, o viceversa. O sobre si marchamos a buen ritmo, teniendo en cuenta las limitaciones del contexto económico mundial (que son realidades imposibles de no ver)  o si nos dejamos atrapar por las inercias institucionales propias de la racionalidad burocrática.

Eso es otra cosa. Pero la unidad de pensamiento sobre los objetivos del proyecto social no se puede tocar, ni se puede permitir que nadie intente tocarla.

Siempre hemos tenido en nuestra Historia esa disyuntiva entre unidad y discrepancias. Y siempre ha tenido el Pueblo, y sus grandes líderes, la sabiduría para identificar donde termina la discrepancia sana e inevitable, y donde empieza el cuestionamiento de lo esencial. Es una línea divisoria que no se nos puede desdibujar.

Discrepancias tuvo Ignacio Agramonte con Carlos Manuel de Céspedes, pero el día en que oyó las censuras que hacían del gobierno revolucionario sus oficiales, reaccionó duramente diciendo: “Nunca permitiré que se murmure en mi presencia del Presidente de la República”. Ahí estaba la línea roja que no se podía permitir que fuese traspasada.

El consenso sobre lo esencial es una construcción colectiva de décadas, sino de siglos, y es muy difícil de lograr. Otros países no lo han logrado sobre temas muy sensibles: No lo logran los Estados Unidos sobre su problema racial; no lo logran varios países europeos sobre el problema de las nacionalidades y el de la inmigración; y habría muchos otros ejemplos que estudiar. No se trata de que los dirigentes en un momento dado tomen buenas o malas decisiones, o que se dicten buenas o malas leyes; el problema es cultural, y se trata en esos casos de que no tienen consenso colectivo sobre lo que hay que lograr.

Nosotros en Cuba, sí que tenemos ese consenso, sobre los propósitos esenciales del proyecto de convivencia; y ese consenso, construido por décadas o siglos de pensamiento y luchas, es un tesoro, y como tal hay que cuidarlo y trasmitirlo intacto a las futuras generaciones de cubanos.

Lo necesitamos como el aire y el agua, para que Cuba siga siendo Cuba, y los cubanos orgullosos de serlo. Y por eso mismo es que nuestros adversarios de siempre atacan con prioridad ese consenso social, e intentan fragmentarlo, porque saben que es la base de todo: la base para poder avanzar, para poder trabajar, y hasta para poder discrepar.

La hostilidad contra el proyecto socialista en los medios de comunicación, especialmente en las redes “anti-sociales” es implacable. Lo sabemos. Y los revolucionarios tenemos que aprender a “tomar las redes”, como mismo tomamos las calles y las plazas.

En este 1º de Mayo, el contraste entre la basura anticubana, hostil y mediocre, que circula en las redes; y  la expresión tangible y culta de unidad de los trabajadores en las plazas revolucionarias, nos hizo recordar el concepto que expuso José Martí al escribir sobre la fundación del Partido Revolucionario Cubano en abril de 1892: Lo que un grupo ambiciona, cae; perdura lo que un pueblo quiere”.

Ayer Primero de Mayo, 130 años después, el Pueblo Cubano habló, y dijo una vez más en las plazas de Cuba, alto y claro, lo que quiere.

Y perdurará.

Agustín Lage Dávila

Centro de Inmunología Molecular

 

lunes, 25 de abril de 2022

EL 1º DE MAYO SIEMPRE HACE PENSAR.

 

Saldrá publicado este comentario a varios días de la celebración del Día Internacional de los Trabajadores, en este 1º de Mayo del 2022. Han pasado 136 años desde aquel sábado de 1886 en que 200 000 trabajadores en Chicago fueron a la huelga en reclamo de la jornada de 8 horas; y siempre cada celebración de este día hace pensar.

Ya no era esa huelga, como en la historia precedente, una batalla por la soberanía de un estado-nación. Esta era una batalla por la justicia social.

En Cuba, muchos años después estamos dando la misma batalla. Pero la damos desde una Revolución en el poder, y se lucha por no perder la justicia social conquistada, y por conquistar más.

El riesgo de perderla viene de las dificultades económicas, y viene también de las posibles soluciones equivocadas a esas mismas dificultades.

Los trabajadores, los de 1886 y los de ahora, siempre han sabido (hemos sabido) que las verdaderas soluciones a los problemas económicos y sociales, son soluciones colectivas. Todos los que desfilaremos por las plazas este 1º de Mayo sabemos eso. Lo podremos explicar mejor o peor, según las capacidades expresivas de cada cual, pero todos lo sabemos. El camino de las soluciones individualistas (al que preocupantemente muchos miran) es el camino de la no-solución, de la expansión y perpetuación de las desigualdades sociales.

Por eso, sean cuales sean las soluciones que creativamente diseñemos, no podemos renunciar al objetivo de tener una economía con capacidad para redistribuir permanentemente la riqueza, e impedir la expansión de desigualdades. Y eso se llama Socialismo.

Por eso también, sea cual sea el paisaje de diversidad de actores económicos que (correctamente o casi) construyamos, y en el que caben muchos y diversos, el combatiente principal de la batalla tiene que ser la Empresa Estatal Socialista (incluida la Pequeña y Mediana Empresa Estatal).

No podemos analizar este tema con la superficialidad reduccionista de la tecnocracia económica, porque el problema tiene profundas raíces culturales. Enfrentamos un desafío económico, pero también, y diría que principalmente, un desafío cultural.

El régimen fiscal de impuestos, el régimen de propiedad, la política salarial y el sistema de protección social que una sociedad construye reflejan la parte del fruto del trabajo que los hombres están dispuestos a compartir con otros hombres. Compartir más allá de su retribución individual, más allá de su familia, más allá incluso de su pequeño colectivo laboral. Y esa voluntad de repartición es una construcción cultural.

Hay factores culturales y de valores que determinan que funcionen o no las estrategias económicas. Ellos determinarán si, en el proceso de transformaciones de la economía para adecuarla a las nuevas realidades tecnológicas, saldrán vencedoras la descentralización eficiente y la iniciativa emprendedora, o vencerán el egoísmo y la corrupción.

Igualmente importante entre los determinantes culturales de las estrategias económicas es la capacidad de todos para comprender las consecuencias distales de cada decisión del  momento. Esa visión distal en cada uno de nosotros determina también las actitudes que tomamos ante los problemas y las opciones de hoy. Hay que saber posicionarse, ante cada opción, no solamente en función de sus consecuencias para el día de hoy, sino también de sus efectos para la sociedad en plazos más distantes, y de los riesgos de irreversibilidades, si nuestra cultura nos permite verlos. Quien no logre verlos, lamentablemente quedará como rehén de los vientos de ideas de cada momento. Conocemos de otras sociedades que han cometido ese error colectivo, y conocemos también lo que pasó después.

Al preguntarnos si los valores de la cultura cubana conducen o no a querer una sociedad equitativa y solidaria, nos respondemos, basados en nuestra historia, enfáticamente que SI, que es eso lo que quiere el pueblo cubano.

A esa sociedad equitativa y solidaria no podemos pretender llegar solamente con una buena política de impuestos, la cual es imprescindible, pero no suficiente. Los recursos derivados de los impuestos sobre las ganancias nunca han sido suficientes. Intentar sostener la justicia social solamente con los impuestos nos llevaría a una contradicción insalvable: para colectar más impuestos podríamos necesitar de un sector de la población que tenga mucha ganancia, mucha más que otros, lo cual es lo contrario de lo que se quiere. Mantener en manos de la propiedad socialista de todo el pueblo las palancas de la economía y los canales de la redistribución es la única garantía posible de la justicia social.

Este razonamiento vale para cualquier sector de la economía, pero especialmente vale para la economía de mayor contenido tecnológico, basada en la gestión del conocimiento, porque ese conocimiento surgió de la inversión social en educación y ciencia, que proviene a su vez de la riqueza colectiva de todos los cubanos.

Eso (y más) es lo que vamos a decir los científicos y tecnólogos al participar en las marchas del 1º de mayo, como parte de la clase trabajadora que somos.

Conciliar los objetivos de eficiencia económica con los de justicia distributiva es la tarea estratégica principal. Ello incluye la justicia distributiva entre los trabajadores del sector no estatal y el estatal; y también la justicia distributiva entre los trabajadores de diferentes empresas y sectores dentro de la propiedad estatal. La expansión de desigualdades más allá de determinado umbral (culturalmente determinado) no genera más motivación al trabajo, sino menos. Las desigualdades sociales, todas ellas, engendran distorsiones de la conducta y fragmentación de la conciencia social.

De que conduzcamos bien este delicado balance entre equidad y estimulación económica, depende la motivación alcanzable para la iniciativa emprendedora y para el trabajo. Iniciativa emprendedora que, en las nuevas realidades tecnológicas mundiales, tiene que ser una iniciativa distribuida en toda la economía, y en todas las formas de propiedad. La fórmula socialista “a cada cual según su trabajo”, infinitamente más justa que la del capitalismo, contiene sin embargo su cuota de injusticia, porque los hombres no están todos en igual posibilidad de ser productivos en cada momento concreto.

En Cuba la distribución a los ciudadanos de los beneficios de la educación y la salud (entre otros) no sigue una fórmula socialista. Va más allá de eso y sigue una fórmula comunista: “a cada cual según sus necesidades”. Y nuestra cultura, muy mayoritariamente, abraza ese ideal.

Los retos de la construcción del Socialismo siempre han estado en las relaciones entre la economía, la ciencia y la cultura.

Conocemos, sin ingenuidades, las enormes complejidades de la tarea, pero estamos convencidos de que lo podemos lograr, porque confiamos en los valores del ser humano. También sabemos, igualmente sin ingenuidades, que hay muchos que no confían en esos valores, o peor aún, que dejaron de confiar, doblándose ante el peso de las dificultades materiales o atraídos por las soluciones individuales, aquí o afuera. Allá ellos con sus amarguras intelectuales.

Nosotros los trabajadores, los de la producción y los de la ciencia, vamos a seguir luchando por los objetivos simultáneos e interdependientes de justicia social, soberanía nacional, socialismo y prosperidad. José de la Luz y Caballero definió la justicia como “el sol del mundo moral”. Y no vamos a pelear a la sombra.

Agustín Lage Dávila

Centro de Inmunología Molecular

lunes, 18 de abril de 2022

CAPITALISMO Y SUBDESARROLLO: EL OBJETIVO ES SUPERAR AMBOS.

 El artículo de la semana pasada, “Los Objetivos y los Procedimientos” atrajo muchos comentarios, que no es físicamente posible sintetizar ni polemizar en un par de páginas. La mayoría de los comentarios fueron muy buenos, y con ideas interesantes; pero también hubo algunos preocupantes, especialmente los que se acercan a un cuestionamiento, no de los procedimientos concretos (que siempre pueden contener errores), sino de los objetivos de soberanía, justicia social y prosperidad. Hubo hasta quien casi gritó: “privatizarlo todo”.

 Esos hay que responderlos y la respuesta está en que los objetivos están vinculados entre sí y vinculados a su vez a la aspiración de Socialismo. No se alcanzarán unos sin los otros. Queremos superar el subdesarrollo, pero para ello hay que dejar atrás el capitalismo.

Hay hechos históricos del ayer que es imprescindible comprender para tomar posiciones lúcidas y firmes en las polémicas de hoy. La lógica de la acumulación capitalista es un formidable dispositivo de creación de desigualdades. La propiedad privada sobre los medios de producción le da al propietario del capital ventajas para la generación de ganancias, las cuales se emplean en adquirir nuevos bienes de capital, que a su vez amplifican las ventajas iniciales. Surge así un lazo de retroalimentación positiva que construye bifurcaciones, que separan a los que tienen y a los que no tienen, las cuales en algún momento se hacen irreversibles. Marx lo estudió al interior de los países industrializados y lo describió como la ley de la concentración del capital. Fidel y Che Guevara lo estudiaron en las relaciones entre países desarrollados y subdesarrollados.

Las guerras coloniales llevaron el proceso de ampliación de desigualdades a escala internacional. Las economías de los países colonizados fueron puestas en función de la acumulación capitalista en las metrópolis. Los países colonizados fueron víctimas del proceso internacional de concentración del capital, y convertidos en suministradores de materia prima para la industria europea, materia prima obtenida con mano de obra esclava primero y con obreros mal pagados después.

El más formidable motor de acumulación de capital en Europa fue la  esclavitud americana, impuesta y mantenida a partir de la dominación militar.

El rentismo privado exportador de los países periféricos pobres fue una condición necesaria para la dinámica de acumulación en los países centrales ricos.

Un pasaje emblemático de la imposición del libre comercio a favor de los intereses de los países capitalistas desarrollados fue la Guerra del Opio en 1839, en la que Gran Bretaña, por la fuerza de las armas, impuso a China el libre comercio y la apertura de sus puertos, como reacción al intento del gobierno chino de prohibir el comercio del opio, que introducía la compañía británica de Indias Orientales. Unos años después entraron en el conflicto Francia, Estados Unidos y Rusia, forzando a China a tratados, conocidos por la Historia como los “Tratados Desiguales” que abrieron 11 puertos al exterior, y crearon para China enormes desequilibrios comerciales.

India y China aportaban todavía en 1800 el 53% de la producción manufacturera global, pero ya en 1900 habían descendido al 5%.

La gran bifurcación del mundo entre países ricos y países pobres se inició con la primera revolución industrial en el siglo XVIII y se reforzó con las guerras de conquista coloniales. Las políticas proteccionistas primero y la imposición del libre comercio una vez adquiridas las ventajas industriales (nunca antes), la hicieron irreversible.

Una vez que se monta el esquema de mono-producto a exportar (oro, plata, azúcar, caucho, café, algodón, etc) ya no se logra salir de esta “jaula del subdesarrollo”. Europa y Norteamérica, que inicialmente desarrollaron sus industrias nacionales con fuertes políticas proteccionistas, impusieron después el libre comercio a los países del sur cuyas manufacturas no podían competir con las industrias maduras del norte.

Eduardo Galeano comienza su libro imprescindible “Las venas abiertas de América Latina” con esta afirmación: “La división internacional del trabajo consiste en que unos países se especializan en ganar y otros en perder”.

La economía colonial se estructuró en función de las necesidades del mercado europeo y la población indígena sometida se convirtió en un inmenso proletariado externo para la economía de las metrópolis. La función de beneficiario principal del sistema fue asumida paulatinamente por los Estados Unidos. En 1916, cuando Lenin escribió su libro sobre el Imperialismo, el capital norteamericano abarcaba menos del 20% de las inversiones extranjeras privadas directas en América Latina y el Caribe. En 1970 ese porcentaje era ya el 75%. Y no es esta una historia limitada a los siglos precedentes: Todavía hoy los políticos de Estados Unidos invocan la Doctrina Monroe (“América para los americanos”) como el fundamento de su política exterior.

Las instituciones del capitalismo dependiente estuvieron orientadas a la extracción de valor, no a creación de valor económico. Las clases dominantes de la sociedad colonial latinoamericana y luego de las economías capitalistas subdesarrolladas, no se orientaron jamás al desarrollo económico interno, sino al lujo, el despilfarro y la dependencia.

Veamos como ejemplo de esa incapacidad de las clases dominantes del capitalismo dependiente, el caso de Cuba en 1920, cuando los precios del azúcar colocaron al país en un alto nivel de exportaciones, superior en ese momento al de Inglaterra, pero esos ingresos no se utilizaron en función del desarrollo industrial del país, sino que escaparon al extranjero y/o financiaron el consumo suntuario de las élites.

El mercado interno, limitado por la pobreza de las mayorías, no funcionó como atractor de desarrollo industrial, y eso no fue producto de ninguna ley de la economía, sino de una opción política.

La desnacionalización de las economías latinoamericanas se reforzó en la segunda mitad del siglo XX con las doctrinas económicas neoliberales impuestas por las dictaduras militares. El primer “experimento” lo hicieron los asesores económicos norteamericanos en Chile, bajo la dictadura de Pinochet. Luego siguieron otros. La misma  y escasa ayuda oficial al desarrollo que reciben los países de América Latina se utiliza mayoritariamente para financiar compras en los Estados Unidos, convirtiéndose así en un subsidio a los exportadores norteamericanos. La dependencia se reforzó con la desnacionalización del sistema bancario.

La experiencia histórica indica con claridad que la inserción en la economía global no siempre es fuente de desarrollo, sino que puede ser el camino de la profundización del subdesarrollo, especialmente si la inserción no conlleva capacidades de creación de conocimiento.  Ello depende del tipo de inserción en la economía mundial que se construya. Y los rasgos que definen el tipo de inserción en la economía mundial se dibujan día a día, incluyendo el día de hoy mismo, en cada decisión de inversión, en cada contrato comercial, en cada préstamo, en cada asociación económica internacional.

En la economía global del siglo XXI, las ventajas naturales (minerales, tierra, posición geográfica, atractivos turísticos, etc) existen y hay que usarlas, pero pierden progresivamente importancia ante las “ventajas construidas” (cohesión social, estabilidad política, seguridad ciudadana, educación, salud, capacidades científicas, cultura). La construcción de esas ventajas, es una función insustituible del Estado Socialista.

Razonemos entonces con profundidad sobre las raíces de nuestras dificultades actuales, y con mucha lucidez sobre lo que hay que hacer ahora; pero al mismo tiempo, defendamos con firmeza lo que tenemos y principalmente la opción soberana de superar al mismo tiempo el capitalismo y el subdesarrollo.

Así lo sentenció José Martí en 1890: La Razón, si quiere guiar, tiene que entrar en la caballería”.

Agustín Lage Dávila

Centro de Inmunología 

lunes, 11 de abril de 2022

LOS OBJETIVOS Y LOS PROCEDIMIENTOS: ¿SOBRE QUÉ DISCUTIMOS?

 Se discute mucho hoy en Cuba, especialmente sobre temas de la economía. Que si tal dificultad es coyuntural y transitoria, o refleja problemas estructurales del modelo económico; que si los cambios que hacemos son conservadores y lentos, o son temerarios y riesgosos; que si le estamos dando al sector no-estatal demasiadas prerrogativas o demasiado pocas; que si la inserción internacional de la economía es un riesgo o una oportunidad; que si debemos darle más atribuciones a la inversión extranjera, o más control; que si las empresas estatales deben ser más protegidas o menos; que si las desigualdades de ingreso son dinamizadoras y justas o son corrosivas de la unidad nacional; y un larguísimo etcétera de temas y disyuntivas.

Y necesitamos que existan esas polémicas, porque las estrategias para que un país pequeño supere el subdesarrollo estando bajo la presión de un bloqueo económico de décadas impuesto y mantenido por la mayor potencia industrial y militar del mundo, y las estrategias para que ese país se conecte, a partir de la justicia social, con una economía mundial que no está guiada por la justicia social, son algo que no está escrito en ningún libro, ni tiene recetarios validados.

 El camino tendremos que encontrarlo nosotros mismos, y para eso necesitamos las polémicas, PERO, y este es un “pero” muy importante, siempre que sean polémicas sobre los procedimientos y no sobre los objetivos. Sobre los objetivos necesitamos unidad, y sobre los procedimientos necesitamos diversidad. Ese es el desafío intelectual y moral del momento.

Para orientarnos ante ese desafío, hay que recurrir a la Historia. La Historia es la que nos dice cómo es que somos los cubanos, y eso es el punto de partida de cualquier construcción de una visión de porvenir.

Ya hemos transitado los cubanos por coyunturas similares, que nos obligan a saber distinguir entre objetivos y procedimientos.

A situaciones análogas se enfrentó José Martí. Así lo escribió en un artículo del periódico “Patria” en abril 1892 (hace exactamente 130 años) cuando la preparación de la guerra necesaria obligaba a tomar posiciones en las polémicas que inevitablemente generaba el análisis de las frustraciones de la guerra anterior: La unidad de pensamiento, que de ningún modo quiere decir la servidumbre de la opinión, es sin duda condición indispensable del éxito de todo programa político..” Y añadía en el mismo artículo: El deseo de independencia sobró siempre en nosotros, y el corazón para conquistarla: falta sólo la confianza en los medios nuevos que se habrán de emplear, puesto que del empleo de los antiguos nacieron miedos y peligros graves…”

Martí también transitó en su tiempo por ese contraste entre la necesidad de unidad de pensamiento sobre los objetivos y la necesidad de medios nuevos para alcanzarlos. La Historia tiene constantes que son de larga duración. Quien no las entienda, deja su pensamiento a merced de los vientos de ideas variables que soplan cada momento.

También ahora necesitamos unidad de pensamiento en los objetivos conquistar. Los objetivos son los que se definen en el Artículo 1 de la Constitución que los enuncia así:

Cuba es un Estado socialista de derecho y justicia social, democrático, independiente y soberano, organizado con todos y para el bien de todos como república unitaria e indivisible, fundada en el trabajo, la dignidad, el humanismo y la ética de sus ciudadanos para el disfrute de la libertad, la equidad, la igualdad, la solidaridad, el bienestar y la prosperidad individual y colectiva”.

 Al mismo tiempo también necesitamos medios nuevos para conquistar esos mismos objetivos, y aún falta la confianza en esos medios nuevos, y persiste el temor a los medios antiguos, que funcionaron en su momento, pero que ya no pertenecen al siglo XXI. Por eso decía Fidel, inaugurando el siglo que “Revolución es sentido del momento histórico; es cambiar todo lo que debe ser cambiado”.

El núcleo caliente de las discusiones actuales está en las políticas económicas. Desde los primeros planes de desarrollo económico implementados por la Revolución han transcurrido más de 60 años y el mundo ahora no es el mismo. La globalización de la economía mundial es neoliberal y depredadora: no es la que queríamos y durante un tiempo tuvimos en la integración económica con los países socialistas de Europa. El incremento mundial de las escalas de la producción material y los flujos de transporte e información, limitan el poder atractor de la demanda doméstica, e imponen una producción cada vez más conectada con las exportaciones y las cadenas globales de valor. Los cambios tecnológicos recientes, y en especial la informatización de la producción y las tecnologías de la cuarta revolución industrial demandan procesos diversificados, cambiantes y distribuidos en la producción, que ya no se pueden manejar con un pequeño grupo de empresas grandes y estandarizadas. Los cambios tecnológicos cada vez más concentran el valor agregado en productos y servicios de alta tecnología, en detrimento del valor que capturan los productos primarios (como el azúcar) y la exportación directa de recursos naturales.

En ese nuevo contexto económico y tecnológico pierden funcionalidad (siempre con excepciones, pero escasas excepciones) la planificación material centralizada, la estandarización de los procesos de dirección, las mega-empresas, la capacidad de inversión basada en dos o tres productos líderes, la superposición de funciones estatales y empresariales,  y otros procedimientos de este corte que fueron las palancas principales de conducción del desarrollo en el siglo XX, en Cuba y en muchos otros países.

Sabemos que todo eso tiene que cambiar, pero al mismo tiempo la voluntad de soberanía nacional y de justicia distributiva, hay que mantenerlas y defenderlas; aunque por medios nuevos.

Y no hay nada “raro” en que los procedimientos de gestión de la economía tengan que cambiar. Las relaciones entre los hombres para la producción son dependientes del nivel de desarrollo de las fuerzas productivas. Lo descubrió Marx hace más de 150 años.

Las polémicas sobre los medios a emplear en Cuba, bienvenidas sean, siempre que estén motivadas por encontrar la manera mejor de alcanzar los objetivos de soberanía, justicia social y prosperidad.

Lo que no vamos a permitir (y hay fuerzas, y mucho dinero intentándolo) es que traten, a través de esas polémicas necesarias, de llevarnos  al cuestionamiento de los objetivos mismos. Sería un acto de ingenuidad irresponsable.

Quienes polemizan, con razón o sin ella, sobre si las decisiones concretas de hoy son eficaces o no, son compañeros con los que podemos discrepar, a veces de manera aguda, pero son esencialmente compañeros que están del lado del proyecto histórico cubano.

Quienes lleven sus polémicas al cuestionamiento de los objetivos mismos de soberanía, justicia social y prosperidad, esos ya dejaron de estar en la trinchera de la Patria.

El Pueblo tendrá la sabiduría necesaria para identificar quién es quien.

Agustín Lage Dávila

Centro de Inmunología Molecular

 

lunes, 4 de abril de 2022

¿ QUÉ SUCEDIÓ EL 4 DE ABRIL?

 

Coincide este comentario con la celebración del Aniversario 60 de la UNION DE JOVENES COMUNISTAS.

Los jóvenes de hoy no habían nacido aun pero asumen esa fecha como suya. Y lo es. Porque el ser humano es un ser histórico, que atesora el pensamiento y la experiencia de sus antecesores.

La Unión de Jóvenes Comunistas, que todos conocemos como UJC, nació el 4 de abril de 1962. Su antecedente directo fue la Asociación de Jóvenes Rebeldes (AJR) cuya creación había ocurrido muy tempranamente, desde agosto de 1959, y había sido anunciada por Che Guevara el 28 de enero de 1960. La AJR la presidía el Comandante más joven del Ejército Rebelde, Joel Iglesias, de 17 años de edad.

En abril de 1962 se celebró el Congreso de la AJR y en él se acordó que la organización se llamaría en lo adelante UNION DE JOVENES COMUNISTAS. Fidel Castro pronunció el discurso de clausura. Él mismo tenía en ese momento 35 años de edad.

Era la revolución de los jóvenes. Cuando nació la Unión de Jóvenes Comunistas, el Partido Comunista de Cuba todavía no existía. Se fundó 3 años después, en 1965. Su precedente, el primer Partido Comunista de Cuba, había fundado por Julio Antonio Mella en 1925, cuando tenía 22 años de edad.

En el discurso del 4 de abril de 1962 Fidel le dijo a los delegados ideas como estas:

“La Revolución que estamos haciendo nosotros no es la Revolución que nosotros queremos; la Revolución que nosotros queremos es la Revolución que van a hacer ustedes”.

“Necesitamos que la juventud cubana tenga una gran fe en sí misma y que la juventud cubana tenga una gran conciencia de su extraordinaria responsabilidad”

“Nuestra sociedad será una sociedad sin explotadores ni explotados, sin privilegiados ni discriminados”

“Viviremos en una sociedad sin egoísmos; viviremos en una sociedad sin odios; en una sociedad donde todos estarán trabajando para cada uno y donde cada uno estará trabajando para todos.  Ese mundo será mucho mejor.”

La juventud cubana de aquellos momentos, y las generaciones que vinieron después, tuvieron la fe en sí mismas y la conciencia de responsabilidad que reclamaba Fidel. Antes de ese 4 de abril la juventud ya había protagonizado la Campaña de Alfabetización y la Victoria de Playa Girón. Después de ese 4 de abril fue protagonista del desarrollo de la educación y la salud, la Columna Juvenil del Centenario, las zafras grandes que eran nuestra opción de recursos para el desarrollo, las misiones internacionalistas, el fortalecimiento de las capacidades de defensa, la electrificación del país, la universalización de la enseñanza universitaria, y una inmensa lista de tareas importantes, difíciles y masivas, hasta la más reciente que fue el control de la epidemia de COVID 19.

Pero, como dice el lema revolucionario africano, que hicieron suyo miles de jóvenes cubanos combatientes internacionalistas, “A luta continua”.

Y en este 4 de abril de hoy 2022, seguimos necesitando que la juventud cubana tenga una gran fe en sí misma y que la juventud cubana tenga una gran conciencia de su extraordinaria responsabilidad.

Sesenta años de bloqueo económico yanqui, con su inevitable secuela de penurias materiales; y también la saga de nuestros propios errores, porque las revoluciones son obras humanas y las obras humanas no son perfectas; han fatigado a unos cuantos. Son los que hoy se distancian de los proyectos colectivos, se refugian entre lamentos (aquí o afuera) en los proyectos individuales y no ven la diferencia, como explica una dura y hermosa frase de José Martí “entre las miserias imbéciles y las tristezas grandiosas; entre el desafío y el acobardamiento; entre la energía celeste y la decrepitud juvenil”.  Las sociedades humanas, la nuestra también, tienen siempre sus “partes blandas”. A esas es que apuestan los adversarios del proyecto histórico cubano de soberanía y justicia.

Martí no hubiese sido condescendiente con los “fatigados” de hoy. En una dura crítica a un poeta de su tiempo escribió, desde sus 19 años de edad: “En la arena de la vida luchan encarnizadamente el bien y el mal. Hay en el hombre cantidad suficiente de bien para vencer.  ¡Vergüenza y baldón para el vencido!”.

Hoy 4 de abril del 2022, la evocación de las tareas y actitudes asumidas por la UJC durante estos 60 años nos refuerza la convicción de que la juventud cubana no permitirá que sean los escépticos, los cansados y los vencidos los que dibujen el futuro de Cuba. Como en 1962, ese futuro lo dibujarán y lo construirán los jóvenes comunistas de hoy.

¡Celebremos el 4 de abril, y sigamos adelante!

Agustin Lage Davila

Centro de Inmunología Molecular

lunes, 28 de marzo de 2022

CONVERSANDO CON LOS CHINOS SOBRE CIENCIA, DESARROLLO Y SOCIALISMO.

 

La semana pasada ocurrió una conferencia virtual entre un equipo del Partido Comunista de China y uno del Partido Comunista de Cuba, con una sesión titulada: “Seminario Teórico entre el PCC y el PCCh: Las responsabilidades de la ciencia en el camino al socialismo”.

 Ya desde el título del tema se identifica el mensaje sobre el rol tiene la ciencia en el desarrollo social y económico, y especialmente en el socialismo. Es un mensaje que todos los cubanos debemos captar y comprender, pues en el desarrollo socioeconómico y en el socialismo (en ambas cosas) se decide el futuro de la Patria.

 Los compañeros que organizaron el evento desde el PCC me invitaron a hacer una ponencia. Ahora, y con permiso de ellos, reproduzco aquí lo esencial de lo que dije en ese evento. Es esto:

 LAS FUNCIONES DE LA CIENCIA EN EL PROYECTO DE DESARROLLO ECONOMICO Y SOCIAL SOCIALISTA DE CUBA.

 Las funciones de la ciencia en las sociedades humanas han ido cambiando y expandiéndose con el tiempo. Desde que comenzó a surgir poco a poco el método científico en el siglo XVII, y hasta finales del siglo XIX, la investigación científica era una actividad de individuos motivados y creativos, primero aislados y más tarde vinculados a sociedades científicas y a universidades. En la primera mitad del siglo XX  hubo dos cambios importantes. 

  El primero es que la investigación científica comenzó a introducirse en las empresas, con el surgimiento de laboratorios industriales en varias de ellas. El segundo es que la promoción de la investigación científica comenzó a ser tarea de los Estados, con el surgimiento de instituciones estatales de investigación y/o presupuestos diferenciados para impulsar investigaciones vinculadas a misiones específicas. Comenzó a hablarse entonces de “economía basada en el conocimiento”.  

 Las responsabilidades de la ciencia en el camino al Socialismo 

 Dejar atrás el capitalismo como sistema socioeconómico es la tarea principal que la humanidad  tiene ante si en estos inicios del siglo XXI. Es el sistema que produjo las sangrientas guerras del siglo XX, creó indecentes desigualdades de ingreso y propiedades entre países y dentro de los países, excluyó millones de personas de su participación en la economía, y causó el deterioro del medio ambiente que hoy nos amenaza a todos. La humanidad no podrá sobrevivir sin superar el capitalismo. 

Es una tarea enorme y compleja. Las dificultades y retrocesos que hubo en el siglo XX, en la construcción de alternativas al capitalismo, no hacen menos necesaria y urgente la tarea. Solamente nos ilustran sus complejidades.  

 La pregunta es si puede la ciencia (y de que manera puede) asumir responsabilidades en ese paso imprescindible de la civilización humana. 

El transito hacia una economía basada en el conocimiento, en la generación y valorización de activos intangibles, y en inversiones sobre innovaciones cuya recuperación contiene más incertidumbres que en la economía tradicional, hace más evidente la disfuncionalidad esencial del sistema capitalista.  

Si asumimos que la eficiencia de la inversión y del trabajo incluye la sostenibilidad social y  ambiental a mediano plazo, y la reducción de las desigualdades, entonces los mecanismos del mercado son obviamente e inmensamente ineficientes. 

Durante mucho tiempo un sentido común construido por economistas defensores del sistema capitalista sostenía que la igualdad y el crecimiento económico eran fenómenos contrapuestos, y que  habría que aceptar que las acciones tendientes a reducir desigualdades, de una forma u otra terminarían reduciendo el dinamismo de la economía. La esclavitud en el continente americano generó crecimiento económico para las metrópolis europeas. Pero después el desarrollo tecnológico fue imponiendo una visión opuesta, que evidencia que la desigualdad es ineficiente. 

El tránsito hacia una economía de alta tecnología, basada en el conocimiento, requiere expandir el gasto social en bienes públicos tales como la educación, la salud, la seguridad social y la ciencia, lo cual solamente puede ser garantizado por la inversión estatal. 

La polémica ideológica sobre las desigualdades conecta con el debate sobre los derechos de propiedad.  Como descubrió Marx, el capital siempre tiende a concentrarse, a menos que existan decisiones políticas y marcos regulatorios se lo impidan. 

La abolición de la esclavitud deslegitimó el derecho a “poseer” otra persona, pero la propiedad privada sobre los medios de producción sigue legitimando el derecho a poseer los frutos del trabajo de otra persona. Para nosotros, los comunistas, sean unos u otros los términos que se utilicen en el debate, la esencia sigue siendo la vieja contradicción del capitalismo entre el carácter social de la producción y el carácter privado de la apropiación.  

El conocimiento, y especialmente el conocimiento científico y tecnológico es un producto social. Nadie puede poseer privadamente todas las piezas de conocimiento precedente necesario para descubrir o para inventar algo. En las sociedades modernas los dispositivos institucionales para la creación y circulación del conocimiento (sistema educacional, instituciones científicas, etc) están en el sector presupuestado, que se financia en la mayoría de los países (incluyendo países capitalistas) con dinero público administrado por el Estado. Los dispositivos institucionales para la transformación de los conocimientos en productos y servicios comercializables están en el sector empresarial. 

¿Cómo se produce la conexión entre ambos? La ideología capitalista intenta conectarlos por mecanismos de mercado a través del sistema de patentes, que se apropia de un bien publico (el conocimiento generado en instituciones publicas) para ponerlo en manos de una empresa privada que lo utiliza. Es un sistema que genera enormes costos de transacción  y  es cada vez menos funcional, a medida que el contenido científico de los bienes y servicios es mayor. La conclusión final es simple, como todas las grandes verdades: el capitalismo no es compatible con la economía basada en el conocimiento. 

Pero una cosa es comprender un proceso, y una necesidad histórica de cambio, y otra muy diferente es generar la voluntad política y la cultura para lograr esos cambios.   La ciencia solamente no bastará, pero ayudará a crear el contexto necesario para que la cultura y la política hagan su trabajo. La cultura y la política movilizaran voluntades para construir una sociedad más equitativa; pero hará falta también lograr que esa equidad se transforme en crecimiento económico. Ahí están las nuevas responsabilidades de la ciencia. 

Las responsabilidades de la ciencia en Cuba  

Cuba construye una alternativa, una sociedad mejor y posible, que ha demostrado que se pueden alcanzar elevados niveles de salud, educación y seguridad social, aun con escasos recursos, si se reparten bien, afirmación que se demuestra objetivamente por la disociación entre el PIB por habitante, y los indicadores sociales.  

La construcción en Cuba de una economía próspera, sobre la base de la equidad y la cultura, ha estado más de 60 años, y sigue estando, amenazada por el bloqueo económico más largo y brutal de la historia, y por una guerra de ideas (más bien de imágenes, porque ideas no tienen muchas) muy bien financiada que intenta presentar los efectos de la agresión externa como si fueran debilidades internas del socialismo. 

 Aunque la lucha por crear una conciencia mundial en contra el bloqueo a Cuba debe continuar e intensificarse, el escenario previsible hoy es que mantengan ese bloqueo, porque los millonarios que gobiernan el mundo necesitan que la alternativa al capitalismo que Cuba construye no tenga éxito. Nosotros tenemos que saber que hay que seguir resistiendo, y además, desarrollar creativamente nuestra economía y nuestro modelo de sociedad, aún con el bloqueo. Y en el siglo XXI esa economía tiene que estar basada en el conocimiento y en la ciencia.

La manera en que expresamos el objetivo mayor del proyecto social de los cubanos de construir una sociedad justa, próspera y sostenible, nos dice también que la justicia social es objetivo primordial, pero por si sola no basta. Hace falta que genere prosperidad y sostenibilidad, lo que significa que hay imperativos económicos. Esos imperativos económicos a su vez, en el siglo XXI, exigen una economía innovadora y conectada con la economía mundial. Y ahí es donde aparecen con toda claridad las nuevas responsabilidades de la ciencia.  

Después del salto revolucionario de los años 60 que incluyó el desarrollo científico entre las metas mayores del país, y después del segundo salto de los años 90 que reforzó las conexiones de la ciencia con la producción  y la economía, necesitamos ahora, entrando el siglo XXI, dar el tercer salto que coloque la ciencia y la innovación en el centro del funcionamiento de la economía. Fidel lo vio y lo dijo en 1993 al expresar que:  La ciencia y las producciones de la ciencia, deben ocupar algún día el primer lugar de la economía nacional……Tenemos que desarrollar las producciones de la inteligencia, y ese es nuestro lugar en el mundo, no habrá otro”.  

Sin pretender análisis concluido ni mucho menos recetas, apreciamos que, de los debates que ocurren en caliente en diferentes espacios en el momento en que se escribe este ensayo (2022) van emergiendo estas ideas: 

·        El Sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación de Cuba tiene que crecer, no en proporción al crecimiento  económico sino por delante de este, y alcanzar cotas superiores de inversión en ciencia como fracción del PIB, así como niveles superiores por millón de habitantes de cantidad de investigadores, patentes y publicaciones científicas.

·        El crecimiento de la actividad científica depende de la capacidad de movilización de financiamiento. Estos recursos deben provenir en su mayor parte del sistema empresarial, pero manteniendo también un componente  de financiamiento presupuestado. Ello va a requerir probablemente el diseño de instituciones financieras nuevas para la ciencia, bancarias y no-bancarias, y de un marco regulatorio especifico, que incluya también incentivos para que las empresas inviertan en Investigación-Desarrollo.  

 ·        La cantidad de personas que necesitamos formar en Ciencia no debe estar limitada por los recursos disponibles. No subordinar la formación de capital humano a las posibilidades de empleo por la economía fue otra idea audaz  muy defendida por Fidel desde los años 60. El volumen y calidad del capital humano para la Ciencia es un activo económico en sí mismo.

 ·        La internacionalización de la actividad científica es una consecuencia objetiva del desarrollo. Las instituciones científicas y empresas de alta tecnología deberán desplegar una red de alianzas externas que garantice que la internacionalización ocurra por vías institucionales y no por emigración individual. En el mundo hiper-conectado que va emergiendo, todos los países, pero especialmente los países pequeños, son dependientes de la diversidad y calidad de sus conexiones con el mundo.  

 ·        Hay un nexo entre el desarrollo científico y el desarrollo del sistema empresarial estatal, incluyendo la descentralización de decisiones hacia las empresas, y la dinámica de surgimiento de nuevas empresas estatales. Desarrollo científico y desarrollo del sistema empresarial estatal se condicionan mutuamente. 

 ·        Hay un nexo entre investigación empresarial y exportaciones. El incentivo para la introducción de productos y servicios de alta tecnología es débil si está solamente en función de una demanda doméstica pequeña,  que no permite economías de escala (excepto para la producción de alimentos). En la medida en que las empresas se conecten directamente con las exportaciones se reforzará su percepción de la necesidad de invertir en ciencia e innovación.   

·        Las Universidades están llamadas a convertirse en el principal dispositivo de “incubación de empresas” en el país, especialmente empresas innovadoras  pequeñas, y empresas de alta tecnología capaces de construir ciclos completos de investigación-producción-comercialización. La conexión entre el sector empresarial y el sector presupuestado (sin desconocer las especificidades de cada uno) es una de las grandes ventajas del socialismo, basada en que las empresas fundamentales no son privadas.   

·        Las tecnologías que se prevén determinantes del desarrollo tecnológico en los próximos años, y que constituyen la llamada “cuarta revolución industrial” (inteligencia artificial, robótica, sensores, procesamiento masivo de datos, manufactura aditiva, nanociencias, nuevos materiales, energía inteligente, nuevas biotecnologías y otras) requieren un impulso diferenciado, pues su potenciación usualmente no ocurre en respuesta a problemas prácticos inmediatos. Cuba tiene la capacidad de crear el potencial humano y la base institucional para ello, pero nos faltan mecanismos integradores de esfuerzos que se han hecho por separado.   

·        El desarrollo científico cubano, en tanto que proceso social y cultural, implica una amplia formación de toda la población en sus capacidades de entender el carácter objetivo y verificable del conocimiento científico, y el método  de construcción de conocimiento, y rechazar la pseudo-ciencia y la superstición. Ello está directamente vinculado con el desarrollo de un sistema educacional científico, desde la escuela primaria.  

·        En el desarrollo de la ciencia en Cuba, el desarrollo territorial local debe ocupar un lugar clave, y no puede ser visto solamente como un proceso de transferencia, de “arriba” hacia “abajo” de competencias y decisiones. Este desarrollo científico territorial se favorece por la presencia de la educación superior en los municipios, especialmente el Centro Universitario Municipal, que está llamado a expandir su rol como constructor y circulador de conocimientos, y como catalizador de las interacciones entre las instituciones científicas, educacionales y el sistema empresarial.

 Asumir las nuevas responsabilidades de la ciencia en Cuba implica hacer crecer nuestro sistema de Ciencia, Tecnología e Innovación, encontrar y desplegar formas diversas y creativas de financiarlo, reforzar sus conexiones con el sistema empresarial cubano y con el sistema educacional, y reforzar y diversificar sus conexiones con el mundo.

 Nada de lo que necesitamos que suceda sucederá guiado por las fuerzas ciegas y cortoplacistas del mercado. Por el contrario, es un proceso que debe ser conducido por el estado socialista a través de sus diferentes roles, como dueño de las empresas principales, como fisco, como regulador, como cliente de productos y servicios seleccionados, como constructor de capital humano, como catalizador de las conexiones internacionales a través de relaciones políticas, y en fin, como estratega y representante de los intereses de todos.

 El estado no puede prever de manera determinista como se comportará el mundo más allá del plazo de algunos años, pues hay procesos que son intrínsecamente probabilísticos, distribuidos y adaptativos; pero si puede construir contextos que aumenten las probabilidades de que avancemos hacia la sociedad justa, prospera y sostenible que queremos.

 Nuestro proyecto social no le apuesta al mercado, aunque lo utilice en función de objetivos mayores. Le apuesta a la conducción consciente basada en el consenso y en la cultura, de donde emana su capacidad de proteger la justicia social y la visión de largo plazo.

 

Agustín Lage Dávila

Centro de Inmunología Molecular

 

 

 

 

 

¿PORQUÉ LOS CIENTÍFICOS HABLAN SOBRE LA ECONOMÍA?

  En la sociedad cubana de hoy escuchamos a muchos científicos de las ciencias naturales (me refiero aquí a profesionales de la investigació...