lunes, 30 de agosto de 2021

DEFENDER A CUBA ES DEFENDER EL SOCIALISMO: ES LA MISMA BATALLA

 

El país está en manos de los jóvenes. Siempre lo ha estado: Martí tenía 16 años de edad cuando escribió “El Presidido Político en Cuba” , Mella tenía 22 cuando fundó el Partido Comunista, Guiteras tenía 27 cuando ordenó la nacionalización de la Empresa de Electricidad, Fidel tenía también 27 cuando asaltó el Cuartel Moncada, y el Che tenía 30 años cuando tomó Santa Clara.

 Siempre tuvo la vanguardia juvenil conceptos muy claros sobre lo que había que hacer en cada momento. Por eso es tan importante que discutamos los conceptos esenciales que necesitamos para guiar las tareas de hoy y seguir adelante.  Uno de esos conceptos esenciales, quizás el más importante, es que defender a Cuba y defender el Socialismo no son dos batallas diferentes, sino una y la misma.

 Las sociedades humanas son entes históricos, y esta historicidad significa que lo que somos hoy es la consecuencia de una larga y compleja trayectoria, la cual es diferente para cada colectividad humana. La nuestra es una trayectoria que vincula desde sus orígenes mismos, la aspiración de soberanía nacional con la de equidad y  justicia social.

 Para Cuba en el siglo XXI, soberanía y socialismo son dos conceptos interdependientes: no tendremos soberanía nacional sin socialismo, ni podremos construir el socialismo sin soberanía nacional.

 La soberanía nacional siempre fue (y sigue siendo) un objetivo sagrado por el que han dado sus vidas muchos cubanos. Pero fue siempre un objetivo que no se agota en si mismo. No es la soberanía una estación de llegada: es un punto de partida. La defendemos porque es lo que nos permite continuar el camino hacia objetivos superiores, relacionados con la justicia social, la dignidad humana y la cultura.

 La defensa de la soberanía nacional incluye hoy la defensa del socialismo

 La soberanía no es un concepto abstracto: es el derecho a ser diferentes. Y entre esas diferencias, hemos llegado a ser el experimento histórico más largo de construcción del socialismo, actualmente en desarrollo (con la excepción de China y todas sus particularidades).

 Ser “diferentes” hoy significa tener la libertad efectiva para superar la lógica de las relaciones mercantiles constructoras de desigualdades y exclusión, y guiar las estrategias hacia una racionalidad económica creadora de cultura, de justicia  y de sostenibilidad a largo plazo, la cual es diferente a la racionalidad de la maximización de las ganancias inmediatas.

  Significa que si retrocediéramos en la soberanía nacional, se congelaría la construcción de nuestra institucionalidad, perfectible pero incluyente y participativa, se congelaría la innovación y el desarrollo, y entonces los centros de poder mundial retomarían la adquisición de activos como lo hicieron desde el siglo XIX, y fabricarían en Cuba “su” élite nacional subordinada. Ya ocurrió una vez en 1902.  Los cubanos de hoy y los de mañana, no podemos permitir que eso suceda otra vez.

Para alcanzar los objetivos interdependientes de soberanía nacional y justicia social, en el mundo de hoy se necesita la propiedad social sobre los medios fundamentales de producción y el papel protagónico de la empresa estatal en la economía. 

Justicia social es educación, salud, acceso a la cultura, protección al trabajo y seguridad social, objetivos que se concretan en un sistema de instituciones presupuestadas que se financian con los ingresos de la economía estatal. No hubiésemos logrado construirla con los impuestos de una economía  subdesarrollada, privatizada y dependiente. 

La igualdad social no es una consecuencia del desarrollo económico: es un pre-requisito para el desarrollo económico. 

La trayectoria revolucionaria cubana ha construido un amplio consenso en nuestra sociedad sobre los objetivos que debemos alcanzar. Ese consenso es una innegable ventaja conquistada. 

La creencia básica del capitalismo (incluso en los que honestamente creen todavía en el capitalismo) es la construcción de prosperidad material basada en la propiedad privada y la competencia. La nuestra se basa en la creatividad movida por los ideales de equidad y solidaridad entre las personas, incluidas las generaciones futuras. 

Tenemos ante nosotros muchas opciones, y hay mucho que discutir en nuestra sociedad, pero no podríamos hacer nada si no tuviésemos soberanía nacional para defender una independencia, que depende mucho en este siglo XXI, de la educación, la ciencia y la cultura. 

Sobre la soberanía de Cuba y sobre el ideal socialista tenemos que construir un consenso sólido como una roca de granito.  Después podemos polemizar todo lo que se quiera sobre los modos concretos de lograrlos. 

La tarea nuestra es fortalecer ese consenso. El plan de nuestros adversarios históricos es erosionarlo. “Plan contra Plan”, fue una expresión de José Martí. 

En los años 80s cuando ya se apreciaban señales de desintegración en el campo socialista europeo, Fidel Castro desarrolló la doctrina de “La Guerra de Todo el Pueblo” que le puso un freno a la opción militar para destruir la Revolución. Luego en los años 90s impulsó lo que en aquel momento empezamos a llamar “La Batalla de Ideas”. 

Los que vivimos ambas etapas vemos hoy muy claro que la Batalla de Ideas es la continuidad de la Guerra de Todo el Pueblo en un nuevo escenario. 

En la primera vencimos: la historia de invasiones militares en Granada, Dominicana, Haití, Panamá y otras, no pudieron repetirla en Cuba. En la segunda, protagónica hoy y que repite esquemas de hegemonía cultural, tenemos que vencer también. 

 Es imprescindible comprender que para Cuba, Soberanía y Socialismo son la misma cosa.

 Agustin Lage Dávila

Centro de Inmunología Molecular

3 comentarios:

  1. Muy atinado su blog, sobre las relaciones de soberanía y socialismo. Como dijese Baliño genialmente “Sin libertad económica la libertad política no es más que un espejismo engañoso¨



    Aunque discrepo en esta frase suya

    ¨los centros de poder mundial retomarían la adquisición de activos como lo hicieron desde el siglo XIX, y fabricarían en Cuba “su” élite nacional subordinada. Ya ocurrió una vez en 1902.¨

    Cuba comenzó a hacer dependiente económicamente de los Estados Unidos de América sobre mediados de los años 80 del siglo XIX, cuando se comenzaron a comprar centrales azucareros por norteamericanos.
    Con el paso del tiempo, esa dependencia fue en aumento, la burguesía nacional lo sabía y actuaba en consecuencia. Es decir que en 1902, ya hacia rato estaba la burguesía nacional supeditada a ellos.

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  2. Muy bueno lo de la Batalla de Ideas como continuidad de la Guerra de Todo el Pueblo. Ahora, décadas después de los acontecimientos que llevaron a ambas formas de defender la Patria Socialista, nuevas agresiones de los enemigos jurados de nuestra patria vuelven a la carga, esta vez tratando de crear un caos mediante la difusión de falsas noticias para tratar de confundir al pueblo, de pretender hacer creernos que no hay una obra socialista que defender en Cuba, como condición necesaria para un construir un futuro cada vez mejor. Y esa defensa activa, sólo puede ser hecha como se hizo ante los recientes intentos desestabilizadores: con Todo el Pueblo, por Todo el Pueblo, como una verdadera Guerra de Todo el Pueblo, donde las principales armas no fueron los fusiles en manos del pueblo uniformado, sino las convicciones, las razones, las ideas revolucionarias de las masas populares que respondieron rapida y ejemplarmente al llamado de la Patria Socialista.

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  3. Aunque progresivamente en el s. XIX EEUU fue adquiriendo posesiones en Cuba, principalmente tierras y otras propiedades vinculadas a la industria azucarera, la subordinación absoluta a EEUU (hasta 1958) tuvo lugar desde 1902, luego de haber sido aprobada en 1901 por el Congreso de EEUU la Enmienda Platt, apéndice impuesto ese mismo año a la Constitución cubana, como condición para la retirada de las tropas norteamericanas que ocupaban la Isla.
    Respecto a nuestra pérdida absoluta de soberanía nacional, son elocuentes las palabras de Leonard Wood, gobernador militar durante la ocupación norteamericana: "Por supuesto que a Cuba se le ha dejado poca o ninguna independencia con la Enmienda Platt y lo único indicado ahora es la anexión...la Isla se norteamericanizará gradualmente y, a su tiempo, contaremos con una de las más ricas y deseables posesiones que haya en el mundo".
    Por otra parte, el ejercicio creciente de nuestra soberanía desde 1959 se puso de manifiesto con claridad meridiana en acto público el 6 de julio de 1960, donde Fidel dio a conocer la "Ley de defensa de la economía nacional y la soberanía del país". De un golpe se nacionalizaron decenas de grandes empresas que explotaban al pueblo cubano, entre ellas la Compañía Cubana de Electricidad, la Compañía Cubana de Teléfonos, 3 compañías que monopolizaban el combustible, una veintena de centrales azucarera y tres importantes bancos norteamericanos (The First National City Bank of New York, The National City Bank of Boston, The Chase Manhattan Bank).
    Esos hechos evidencian que desde antes de ser proclamado el carácter socialista de la Revolución, de hecho y derecho, en Cuba la economía nacional y la soberanía marchan juntas. Esos hechos (y muchos otros) avalan lo que dice Agustín de que en la Cuba que construimos hace ya más de seis décadas son inseparables Patria y Socialismo.
    Al menos eso es lo que demuestran los hechos desde principios del siglo XIX hasta hoy.

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